La fruticultura que daba trabajo directo a cientos de personas e indirectamente involucraba a muchos más. La ciudad, en el esplendor de la manzana, se movía a la par de esta economía, pero a medida que los años fueron pasando todo cambió. El crecimiento demográfico superó la planificación de la ciudad y sumado a los años malos para la fruticultura dio lugar al abandono de las tierras y estas fueron utilizadas para diferentes loteos. De esta manera, la producción frutícola le fue cediendo terreno al cemento citadino.
300 los chacareros que hubo alguna vez en Cipolletti.
La actividad frutícola perdió, de a poco, su esplendor hasta convertirse casi en un recuerdo. Hoy la cantidad de productores fluctúa entre los 50 y los 70, mostrando a las claras un cambio de época.
Las chacras productivas llegaron a ocupar unas 7000 hectáreas, mientras que hoy, como mucho, alcanzan las 3000. Loteos, producción de alfalfa, horticultura, algo de vitivinicultura y tierras abandonadas forman parte del panorama de tierras en la ciudad.
Además, las nuevas generaciones se dedicaron a otras actividades, totalmente diferentes a la producción de peras y manzanas.
Una nueva temporada ya está finalizando. Con ella seguramente se irán algunos productores más. Cansados, hastiados, decepcionados, tristes y con bronca. Algunos mantienen en alto su espíritu productor y continuarán en la chacra camino a la próxima temporada, la fe, la esperanza los mantiene en activad, muchos otros ya tiraron la toalla.