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Emoción, dolor y un renovado pedido de justicia

Ayer por la tarde se realizó una colorida movilización en el centro cipoleño. En la noche se ofició una misa en memoria de las víctimas.

Se cumplieron ayer 16 años de la desaparición de Verónica Villar y las hermanas María Emilia y Paula González, quienes dos días después aparecerían asesinadas en una zona rural de la ciudad, a metros de las vías del ferrocarril.
Para recordar a las víctimas de este hecho y a la vez reiterar el pedido de justicia, se realizó ayer por las calles céntricas de Cipolletti una numerosa movilización, que contó con coloridas intervenciones artísticas con las que se hizo un llamado a la población a reflexionar sobre la violencia contra las mujeres.
La marcha comenzó pasadas las 18, y fue encabezada por Ofelia Mosconi, madre de Verónica, quien recordó emocionada a su hija y aseguró que la Justicia no les ha dado respuestas en todo este tiempo. “Fue un juicio que nos dejó más preguntas que respuestas", lamentó.
Asimismo, dijo que del Poder Judicial de la provincia ya no esperan nada. “A este triple crimen se sumaron más mujeres asesinadas, y ningún hecho tuvo respuesta", sentenció.
Al frente de la movilización se pudo apreciar un estandarte que rezaba: “16 años. El silencio social mata”.
El recorrido se inició en la plaza San Martín, tomando la calle Roca en contramano. La primera parada fue en la Comisaría Cuarta, donde se realizó un escrache con pintadas en las que se acusó de “asesinos y cómplices” a los policías que se desempeñaban allí en el año 1997. Lo mismo sucedería después en los edificios municipales de calle Yrigoyen.
Luego, en el Paseo de la Familia, tuvo lugar un interesante baile a cargo de un grupo de mujeres, quienes finalizaron su intervención preguntándole, cara a cara, a los presentes: “¿Y si fueras vos?, ¿y si fuera yo?”. Esta misma actuación se repitió luego frente a la plaza San Martín y en la esquina de Roca y Villegas.
Finalmente, al volver al lugar de inicio, se procedió a prender fuego un muñeco sobre el que se habían dispuesto carteles con nombres de dirigentes políticos y judiciales y de civiles acusados de “partícipes necesarios” para que el caso quedase impune.
Allí también recordaron a otras mujeres que también fueron asesinadas en la región y cuyos responsables también continúan en libertad. La lista incluyó a Yanet Opazo, Otoño Uriarte, Ana Zerdán, Leticia Baltar, Diana del Frari, Carmen Marcovecchio, Alejandra Carbajales, Mónica García, Elvira Abaca y Daniela Calfupán.
 
Una mujer de hierro
La última en hacer uso de su palabra fue Ofelia, una mujer, como tantas en la historia argentina, que perdió lo que más quería. Con sus ojos vidriosos, iguales a los de Verónica, recordó que lleva 16 años sin saber qué pasó con su hija, quiénes fueron los culpables, por qué lo hicieron.
Tantas preguntas sin respuestas. Tantos silencios. Tanta desidia. Tanta impunidad. Nada hizo mella en esta mujer de hierro, que a pesar de haber recibido sólo cachetazos por parte de las autoridades de turno, continúa en su inclaudicable lucha por la verdad, la memoria y la justicia.
Ella es Ofelia, madre, hija, hermana, compañera y voz de tantas mujeres que no pudieron hablar ni defenderse. Por todas ellas es que continúa de pie.

 

Un recuerdo que no acepta distinciones

La familia González, por su parte, optó por participar de una misa que se realizó en memoria de las víctimas, la cual fue oficiada por la parroquia de La Sagrada Familia.
La iglesia lució colmada de feligreses, entre los que se destacaron Ulises, padre de María Emilia y Paula, Susana Guareschi, la madre, y Mary Mella, tía de las chicas.
Si bien los caminos de los Villar y los González se bifurcaron hace algunos años, el dolor y el pedido de justicia sigue siendo el mismo, al igual que el sinsabor que les produjo la actuación de la Justicia, que en todo este tiempo sólo logró encontrar a un supuesto culpable.
Ulises aseguró que "para las dos familias ha sido muy doloroso. Nos cambió los proyectos de vida". Mientras que sostuvo que "la Justicia no ha dado resultado como nosotros queremos. No estamos conformes para nada, (Claudio) Kielmasz está condenado, pero participó más gente, no sólo en el crimen, sino en el encubrimiento".
Finalmente apuntó sus cañones contra el magistrado que sostuvo a cargo de la causa: “El juez (Pablo) Iribarren para mí fue el gran causante de que el crimen no se esclareciera".