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El veterano de Malvinas que eligió a Cipolletti tras la guerra

En Bahía Blanca, su ciudad natal, era rechazado por haber perdido la guerra. Junto a su novia, actual esposa y madre de sus hijos, debieron emigrar al sur en busca de una nueva vida. Cipolletti los cobijó y les brindó el cariño de una ciudad solidaria.

Una histórica gomería cipoleña esconde una de las historias de vida más conmovedoras de la región. La de su dueño, Víctor Gonzáles, un ex combatiente de Malvinas que debió abandonar su ciudad natal por el rechazo tras regresar del conflicto armado con Gran Bretaña. "Me culpaban de haber perdido la guerra y no me daban trabajo", contó.

Gonzales (58) trabaja hace 30 años en la gomería ARA General Belgrano ubicada sobre calle Tres Arroyo al 99. En el frente del local hay fotos de las Isla Malvinas, pero muchos de sus clientes desconocen que la persona que los atiende combatió en el frente de lucha en 1982. Pero su llegada a la ciudad no fue fortuita sino que fue fruto de una búsqueda incansable de una comunidad que lo contenga, lo respete y lo reconozca.

Tenía 18 años cuando realizaba el servicio militar obligatorio en Bahía Blanca en el Comando Quinto Cuerpo del Ejército de la Compañía Policía Militar 181. El 4 de febrero de 1982 fue su primer día con uniforme y casi dos meses después, el 2 de abril, se declaró la guerra formalmente para recuperar las islas. Esa misma tarde casi de causalidad, se enteró que debía viajar a Malvinas.

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"Estaba haciendo guardia en la zona del hospital de Bahía y en la Policía Militar eran todos muy altos; yo era enano al lado de ellos. Ese día a la mañana llegaron compañeros a cambiar la guardia porque los habían mandado a Malvinas. Éramos 120 soldados en la compañía: 60 viajaban y 60 se quedaban. Yo dejé la guardia a las 20 y nadie me avisó nada, por lo que creí que no me había tocado. Pero cuando llego al cuartel me encuentro a todos mis compañeros formados y listos para viajar. Ahí me enteré que tenía que ir y me largué a llorar", contó Víctor, en diálogo con LM Cipolletti.

Dijo que él estaba muy emocionado y lloraba de emoción por el sentimiento de defender a la Patria. Pero al lado suyo también había soldados que lloraban porque se querían quedar.

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Víctor y Elba en 1983, recién casados.

"El viaje fue al día siguiente. Viajamos hasta Comodoro Rivadavia y desde allí a Malvinas en un avión Hércules. No tuve tiempo de despedirme con mi familia. Mi mamá se enteró porque una vecina me vio en la televisión y salió corriendo a avisarle. Ese día se conoció que Argentina había tomado Malvinas y el canal local justo me hizo una nota. Hasta ese momento ella no sabía que nos iban a llevar", recordó.

Dijo que al llegar a la isla los separaron en grupos de 10 y algunos fueron a la Gobernación, otros a la casa del gobernador, a los tanques de YPF, y a patrullar por el pueblo. Eran como la Policía de la ciudad.

"A mi me tocó andar de guardia por la ciudad, hacer los patrullajes. Teníamos que cuidar que los grupos comandos no atacaran. La compañía nuestra apenas llegó tuvo que ir a buscar soldados ingleses a una casa campo. Ahí se entró en combate, hubo un tiroteo contra seis ingleses y uno de ellos murió. El resto los llevamos detenidos a la comisaría", contó.

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Víctor durante un reconocimiento a ex combatiente de Malvinas en 1989 en Neuquén.

Durante la guerra les hacían creer que iban ganando, para animarlos. "Cuando llegamos teníamos la idea de que podíamos ganar. Creíamos eso: que íbamos ganando. Esa es la información que nos daban. En esa época no había otra forma de comunicación. La guerra fue muy diferente a lo que creíamos", explicó.

Contó que su presencia en Malvinas duró hasta el 29 de mayo. "Allá me enfermé de varicela. Durante un bombardeo tomé prestada una campera para ir a las trincheras y ésta persona había estado enferma antes, y creo me contagió. Al volver al continente descubrí que el dueño de esa campera era mi primo", relató el cipoleño.

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La histórica gomería cipoleña ARA General Belgrano cumple 30 años.

En el conflicto Víctor perdió a dos amigos de la infancia tras el ataque al crucero General Belgrano. "Eran amigos del barrio, nos criamos juntos. En mi manzana éramos cuatro chicos en total y a todos nos tocó el servicio militar. Dos fueron al crucero y murieron, Martínez y Sánchez, y los otros dos tuvimos la suerte de estar en la Policía Militar y sobrevivir. Todos teníamos 18 años", rememoró con nostalgia.

Nosotros ofrecimos nuestra vida, ellos la dieron. Ellos son los verdaderos héroes.

A 40 años del momento que marcó su vida para siempre, expresó que siente en su cuerpo las secuelas del frío que debieron soportar. "Hoy tengo que abrigarme mucho más que el resto, me duelen los pies, los hombros y los huesos. Y eso que nosotros no la pasamos tan mal como quienes estuvieron en primer línea", detalló.

Además, aseguró que no haber ido a Malvinas en ese momento, hubiera sido lo peor que le podría haber pasado. "Me siento orgulloso de ser veterano de guerra. Muchos me agradecen. A tantos años, las Malvinas siguen vivas en grandes y chicos. Siento que ahora soy reconocido por parte de la sociedad", indicó.

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El Alto Valle lo recibió con las puertas abiertas

A Cipolletti llegó en 1988, solo, con un auto y un bolso con ropa en la mano. Llevaba cinco años de casado con quien fue su novia desde los 16 años y tenían a su primera hija.

"Cuando me llevan a Malvinas estaba de novio con Elba Quentrequeo, quien hoy es mi esposa y madre de mis cuatro hijos. Ella y mi familia me ayudaron mucho porque cuando volví estaba muy alterado, me creía Rambo, y peleaba con todo el mundo", contó Víctor.

Tras su regreso, comentó que en Bahía Blanca no lograba conseguir trabajo. "Pese a estar orgulloso de ser veterano, cuando pedía trabajo y se enteraban que había estado en Malvinas, me cerraban las puertas. Era una especie de castigo por haber perdido la guerra; me decían que habíamos perdido por culta nuestra, que debíamos habernos quedado", explicó.

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Víctor y uno de sus hijos trabajando en la gomería.

Luego de tanto buscar, recién en 1984 logró entrar a trabajar en el ferrocarril. A los pocos años pidió el traslado para el sur.

"El Alto Valle me recibió con los brazos abiertos, con una actitud totalmente diferente. Primero alquilé una piecita en Neuquén con la platita que junté de la venta de la caja de cambios de mi auto. Al tiempo traje a mi familia conmigo, mi esposa y mi hija", expresó.

En ese entonces con el trabajo en el ferrocarril no llegaba a fin de mes y pidió permiso para hacer otras labores. "Estuve unos meses en una empresa petrolera, luego me dediqué a los talleres mecánicos hasta que Menem privatizó los trenes y quede desocupado. Con la indemnización puse la gomería ARA General Belgrano, actualmente ubicada en Tres Arroyos 99 de Cipolletti. En pocos meses cumplimos 30 años", señaló el ex combatiente.

Actualmente vive con su esposa y una gran familia integrada por sus cuatro hijos Fernanda, Sergio, Oscar y Alejandra: los dos varones trabajan con Víctor en la gomería.

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Víctor festeja su cumpleaños rodeado de sus hijos Fernanda, Sergio Oscar y Alejandra.