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El valor de cuatro comidas diarias

Los alumnos de la Escuela 50 del barrio María Elvira reciben el desayuno, un refuerzo, el almuerzo y la merienda. Desde la institución continúa el reclamo para que solucionen los problemas en el edificio.


La inequidad social, la violencia, el desamparo, muchas de estas situaciones se viven cotidianamente en distintos ámbitos de la sociedad cipoleña, al igual que en el resto del país.
Y el tiempo que pasan en la escuela es, en esos casos, un refugio en el que los chicos se abstraen de los distintos conflictos que deberán afrontar una vez que vuelvan a atravesar las puertas de la escuela, pero esta vez para volver a sus hogares.
“Hay mucha violencia y problemas sociales, pero son chicos muy buenos y afectivos", dijo, sin ocultar su congoja, la docente Gladys Rivas.
La secretaria escolar del establecimiento rural explicó que por esos desafíos y satisfacciones "nos encanta realizar este trabajo y no lo cambiaremos por nada en el mundo”.



Los niños y niñas se reúnen en el salón principal de la escuela. Entre risas tímidas y miradas cómplices todos esperan las anunciadas hamburguesas que hoy degustarán. La cocina, a pesar de su escaso tamaño, es el centro de operaciones en un horario cúlmine en la vida de la Escuela Rural Nº 50 de Cipolletti.
El ansiado plato llega y poco dura ante las feroces fauces de los niños. Repiten, algunos no. Los encargados de acercar el alimento a las mesas sonríen ante cada ocurrencia de los jóvenes, sin perder nunca el equilibrio, algo fundamental para su ocasional labor.
De a poco comienzan a finalizar y algunos, los más inquietos, se levantan de la mesa dejando sus platos relucientes, para emprender nuevamente una lúdica aventura.
Las actividades en la escuela vuelven a centrarse en las aulas. Los alumnos de los grados superiores son, ahora, quienes llegarán al salón principal para realizar el mismo ritual, el cual no pueden llevar a cabo todos juntos, por la falta de espacio.