Los problemas comenzaron bien temprano, cuando el tren arribaba a la estación neuquina, antes de las 8 de la mañana. Allí los encargados comenzaron a trabajar para solucionar el inconveniente, por lo que el servicio estuvo interrumpido durante 40 minutos en los que los pasajeros esperaron a bordo de los vagones. En esta ciudad, mientras tanto, se agolpaba gente que se sorprendía por el retraso del siempre puntual servicio ferroviario.
Los operarios lograron terminar la reparación antes de que la gente comenzara a irse y la máquina partió rumbo a la estación de calle Fernández Oro, pero antes de llegar a la zona de los puentes carreteros, volvió a sufrir un desperfecto y quedó varada.
Una hora después, finalmente, los vecinos que esperaban en el andén pudieron ver que se aproximaba la formación.
Oficialmente, no se comunicó qué pasó con el tren en dos oportunidades. El incidente pasó casi desapercibido porque el sistema tiene más usuarios que viajan por trámites o compras, y el mayor caudal de pasajeros se registra en el horario en el que se logró retomar la actividad.
Sin embargo, no deja de resultar llamativo que las máquinas se rompan con tanta frecuencia y, fundamentalmente, que suelan tener más de un desperfecto por día en esas ocasiones.