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El tránsito por la Ruta Chica es de muy alto riesgo

Cada vez circulan más vehículos, la señalización resulta insuficiente y abundan los cruces peligrosos.
El luctuoso episodio del martes por la tarde en la Ruta Provincial 65 entre Fernández Oro y Allen cuando en una terrible colisión perdieron la vida una mujer de 20 años y un hombre de 56, reactualizó las características peligrosas de ese tramo vial, muy utilizado por rodados de variado porte.
Entre General Roca y Cipolletti - unos 40 kilómetros de pavimento- el camino se presenta con tramos de irregular estado. La ruta es angosta, no del todo señalizada, con muy poco espacio de banquina y algunos cruces carentes de suficientes advertencias.
La Mañana Cipolletti realizó un relevamiento para registrar las características de esa carretera, vía de alternativa de la también riesgosa Ruta 22.
A partir de Roca, a poco de andar comienzan a notarse las deficiencias. Saliendo del éjido urbano, la primera “emboscada” es el cruce con el acceso a J.J. Gómez. La única señal de advertencia está casi sobre la misma intersección, lo que para conductores desprevenidos puede ser una trampa.
En un trayecto de 11 kilómetros el pavimento está deteriorado y con constantes ondulaciones, amenaza latente de perder el control del vehículo. A pocos metros de la banquina norte hay un canal de riego, escenario de accidentes siendo el más grave que se recuerde cuando volcó un colectivo (Ko-Ko) que causó la muerte de algunos pasajeros. La otra banquina también es de escasísimo espacio por los ingresos a caminos vecinales, viviendas, establecimientos o chacras. La abundante forestación hace que en ciertos lugares disminuya el panorama visual para los que circulan.

Un cruce de máximo cuidado
El siguiente cruce riesgoso es la llamada “curva de Verani”, en Guerrico. La señalización allí no es suficiente en todos los carriles, máxime ahora con el empalme de la Ruta Chica con la conocida Calle 4, que nace allí y llega hasta Allen. Este nuevo tramo, de unos diez kilómetros, está en buen estado -es el único de esa forma-, con carretera pintada, señales, si bien abundan los cruces de accesos a propiedades y caminos secundarios. En temporada de cosecha, crece el tránsito por los transportes pesados.

Sólo un semáforo
En Allen, una buena y dos “de las otras”. Algunos accidentes en el cruce de la Calle 4 con el acceso Güemes influyeron para que hace poco se instalaran semáforos, además de reductores de velocidad en la vía que comunica a la ciudad. Pero ese aspecto positivo contrasta con la inexistencia de los mismos aparatos en otros dos cruces no menos peligrosos, especialmente el de la avenida Biló, principal entrada al centro allense.
El siguiente caso es la “T” que se forma con la avenida Martín Fierro. A propósito, desde allí hasta el retome con la Ruta Chica abundan los baches y hay gran movimiento no sólo vehicular sino de motociclistas y ciclistas. Es un detalle que debería tener en cuenta la Municipalidad de Allen, que al menos construyó una rotonda en el retome a la ruta provincial que ayuda a ordenar el tránsito.

Fernández Oro-Cipolletti
Desde allí hasta Cipolletti, la ruta necesita invariablemente de mayor número de advertencias viales. Debe ser el sector más transitado, habida cuenta que en el intermedio está Fernández Oro con un par de curvas tipo “S” -¡sólo una de ellas con señalización vial!- y donde es menester prudencia en el manejo porque el camino es angosto, poca banquina y con entradas a propiedades y caminos vecinales.
La urbanización ha avanzado tanto en esa zona por lo que el desplazamiento no es de sólo de autos, sino camionetas, camiones, micros, motos y bicicletas. Acerca de esto último, no todos usan la bicisenda construida al efecto porque dicen que está en mal estado.

El derivador que no se hizo
Ya en Cipolletti, el cruce con Circunvalación –que empalma con la calle Salto que lleva a la Isla Jordán- es otro punto neurálgico. En este caso debe recordarse que uno de los incumplimientos de la empresa Caminos del Valle fue no haber construido el derivador de tránsito, algo fundamental para ordenar la circulación y evitar problemas y accidentes, en algunos casos muy lamentables.
A propósito de ese lugar, la comuna construyó dos reductores de velocidad, algo que en horario diurno es fácil de advertir pero de noche se convierten en una verdadera trampa para vehículos de todo tipo.

Otro detalle: el manejo
Finalmente, algo que no pasa por alto es la responsabilidad de los conductores. La Ruta Chica es una comunicación interurbana y a pesar de algunos pocos carteles que advierten límites de velocidad, habría que decir, casi a manera irónica, que sólo la deben respetar los que andan en bicicleta o en motos de baja cilindrada. Hay quienes también hacen caso omiso a las señales con rayas amarillas -sería oportuno un repintado- que alertan de sobrepaso vedado.
En suma, un sinnúmero de situaciones que convierten a la Ruta Chica también en un camino bastante peligroso.