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El negocio inmobiliario hace pie en las tomas

La venta de lotes crece, a la espera de la legalización de los asentamientos.
En Cipolletti hay más de 31 asentamientos ilegales de tierras en las que viven entre 15.000 y 20.000 personas. Las dificultades para acceder a lotes o planes de viviendas en una de las ciudades de mayor crecimiento demográfico derivaron en la explosión de las tomas y en la consolidación de la gran mayoría, más allá de la falta de acuerdo con el Estado o los dueños de las tierras. Mientras en la actualidad comienza a debatirse la solución de fondo para el conflicto, en cooperativas y partidos políticos de la ciudad hay preocupación por la comercialización de lotes dentro de las tomas, con “ofertas” de hasta 50.000 pesos.
En la ciudad no hay datos certeros sobre la cantidad de familias que viven en los asentamientos, ni de sus características. La gran mayoría son hijos de cipoleños sin la capacidad económica de pagar terrenos a los valores petroleros del mercado inmobiliario actual. Sin embargo, no hay estudios del gobierno, municipal o provincial, para profundizar la descripción macro de los habitantes de las tomas. 
Una de las situaciones que comenzó a salir a la luz es la confirmación del viejo mito de que, en las tomas, las parcelas se compran y revenden en forma habitual, con valores actuales de casi 50.000 pesos. Así lo confirmaron referentes políticos que recorrieron las ocupaciones durante la campaña electoral y socios de cooperativas de la ciudad. Ante las demoras en el avance de los planes oficiales a los que aspiran las instituciones intermedias, muchos socios de la cooperativa Nueva Esperanza comenzaron a recibir ofrecimientos para comprar tierras en tomas cuando trascendieron las complicaciones de la entidad, cuyos afiliados pagaron lotes hace ocho años pero siguen esperando el traspaso para poder construir viviendas.
El mercado inmobiliario paralelo ofrece disponibilidad inmediata, con la zanahoria de una posible  regularización como gran tentación. Sin embargo, los directivos de Nueva Esperanza, como los de otras cooperativas, intentan contener a sus socios con la promesa de un proceso exitoso, que aunque suele ser más largo, es más económico.