A su vez, sostuvo: “Hace 20 años que el Alto Valle no crece. De alguna manera siempre hubo ganadores y perdedores, y este año fueron todos perdedores. No queremos volver a un problema de ganadores y perdedores que ha llevado de 6500 a 7000 productores que había en 1983, hoy quedan 2300, de los cuales .600 tienen menos de 20 hectáreas y están en esta problemática de desaparición”. Además, un gran número de estos pequeños chacareros son de edad avanzada, y ahí se observa un importante quiebre generacional, ya que los hijos, y mucho más los nietos, buscan nuevos horizontes para su porvenir, clavándole una puñalada casi terminal a la actividad frutícola. Epifanio afirmó: “Hoy están despobladas las chacras porque ya ni los obreros de la fruta quieren vivir allí; no hay ni una garita de colectivo nueva, no hay una escuela nueva, no hay una sala de primeros auxilios”.
Por esta tendencia a la desaparición de la producción, principalmente de peras y manzanas, es que desde el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de la provincia están impulsando un proyecto de desarrollo de los valles irrigados donde el productor no viva ya más de la primera venta, sino que esté integrado a toda la cadena y llegue a los canales finales de venta”.
En ese sentido ejemplificó que hoy un cajón tiene 3 dólares de fruta y se vende a 35 dólares en Alemania, con lo cual ese valor agregado debería beneficiar también al productor primario. El profesional especificó que actualmente “el empacador y el exportador no pueden garantizar el costo de producción más un beneficio”, y por eso hoy “la fruta se vende a $1,20 el kilo y cuesta $2,80 producirla”.
“El pequeño productor está desapareciendo; el mercado está decidiendo que se quede el grande, el fuerte”, concluyó Epifanio.