De todos los vendedores ambulantes que recorren la playa de Las Grutas, Hugo se destaca por su exclamación al difundir el producto que ofrece, que es toda una marca personal y hasta es utilizado por algunos colegas. “Guarda que vengo”, anuncia a toda voz. Pero además de su característica frase, éste valletano que hace poco más de diez años vive en Las Grutas también incluye un monólogo que suele ser de política, historia, deportes, economía, el clima o la vida misma.
“Yo les vendo el pedacito de masa dulce, pero además los invito a pensar, a reflexionar sobre lo que nos pasa”, sentencia Hugo, cuya fama ha trascendido hasta el punto de aparecer en calendarios y almanaques que obsequian comercios de la localidad.
Por donde pasa arrastrando su carrito es el foco de atracción. Quienes no lo conocen en principio se sorprenden, pero luego les puede arrancar una sonrisa y porqué no hasta una carcajada cuando el remate es gracioso, ya que no siempre lo es.
Claro que también les venderá -seguramente- una bolsa de donas, pues esa carga de simpatía también tiene una intención comercial, y no es casual.
Así, sus presentaciones se repetirán cada quince o veinte metros en su derrotero entre la primera y la séptima bajada, una y otra vez hasta que cae el sol.
“Uno puede transmitir alegría, hacer reír. La risa permite ver la vida de otra forma y hasta a mí también me hace bien, aprendo mucho de la gente y me divierto con ellos”, sostuvo pensativo Hugo, quien contó que en otro tiempo y en otro lugar que no quiso precisar trabajó en la contención de chicos de la calle.
Agrega con regocijo: “Muchos ya me conocen. Incluso cuando salgo a escuchar a alguna banda me saludan y me hacen sentir su cariño”.
“Y cuando pasa mucho rato que no paso por la playa me retan. Va señores, va”, les contesta con un cantito a los más insistentes.
Un lugar en el mundo
Hace poco más de una década llegó a la zona con el anhelo de encontrar otras oportunidades para vivir, y para estar cerca del mar.
Trabajó de cocinero en una rotisería y en otras changas que fue logrando, hasta que cierta vez le ofrecieron bajar a la playa para vender donas y churros.
Asegura que una tarde le alcanzó para saber que eso era lo suyo. Su personalidad extrovertida y su facilidad para entablar una conversación hicieron lo demás. “Es ese contacto directo que se tiene con la gente lo me atrapó”, sostiene.
Con varios veranos encima, puede hacer una descripción de cómo se desarrollará la temporada, incluido un diagnóstico económico. Estima que será un buen verano, y explica que favorecerá la implementación del denominado “dólar turista”.