"Mientras el viento alcanzaba ráfagas de 80 kilómetros por hora, desde la puerta de la casa vimos una pared de más de 10 metros de alto iluminada por la quemazón", contó el vecino Mingo Racedo.
Con otros pobladores de la zona se comunicaron por Whatsapp y salieron con palas y baldes a hacer frente a la columna de fuego que avanzaba sobre el campo de uno de ellos. Se organizaron en torno a una acequia para combatirlo. "Salimos con baldes por las acequias, mientras los bomberos nos informaban que atacaban el fuego de frente con los camiones bomba", comentó.
Ocurrió en la noche del domingo. Los vecinos del lugar ya saben que cuando corre viento, hay fuego. Y, en cierta medida, ya están preparados. Tanto es así que esa mañana habían tenido una clase con los bomberos de Barda del Medio para aprender sobre cómo atacar focos de incendio y qué hacer en esos casos.
"Hubo momentos de zozobra. En el codo del camino las llamas crecían, no podíamos hacer nada con nuestros baldes y de eso se encargaron los bomberos. Volvimos y una columna de fuego crecía lindera a la acequia. Nos metimos en ella para lanzar agua con nuestros baldes, después llegaron los bomberos que ya habían controlado el otro fuego de frente y apagaron lo que quedaba", prosiguió Racedo, en su relato.
En un momento también un vecino se subió hasta la cima de un árbol y otros le alcanzaban los baldes de agua para que apagara las llamas.
La intensa labor culminó alrededor de las 2 de la madrugada cuando los bomberos lograron apagar las últimas llamas que arrasaron con varias hectáreas de campo. Se cree que el siniestro fue ocasionado, por cuanto donde se inició el fuego, en un puente que está muy cerca de la acequia, no hay nada. "No sabemos por qué causa hacen fuego y lo dejan prendido. Eso nos preocupa mucho", expresó el vecino consultado.
Por fortuna, el incendio no llegó a quemar ninguna vivienda ni afectó a los animales que residen en la zona. Fue sólo quema de pastizales.
"Gracias a los bomberos de Barda del Medio y de Cinco saltos. Gracias a los vecinos que entre las corridas y el peligro y el aprendizaje del taller de la mañana no dejaban de luchar con semejante monstruo que se avivaba más con el viento. El que no estuvo nunca frente a un incendio de este tipo no llega a saber cómo es esa inmensidad en llamas, el calor sofocante, los gritos y las corridas, la oscuridad del terreno donde se pisa. Debemos creer que hay esperanza, aunque no es cuestión de fe, si no de realidades", relató Racedo.