La instancia que se viene, además, es un semillero de nuevas oportunidades para generar propuestas con otros realizadores y generar nuevas redes de contactos. "Los técnicos y profesionales del rubro audiovisual estamos desperdigados por todo el mundo", contó Canut.
El 90% del documental se filmó en la zona austral chilena, y fue toda una hazaña lograrlo, con temperaturas de 15 grados bajo cero, desafiando la altura por filos de montaña y rodajes de 25 a 30 días.
Por amor a la naturaleza, Canut persistió hasta el final y hoy promociona tanto esfuerzo, como un hecho que calificó de "heroico", para generar conciencia y empatía entre el huemul y los espectadores. "Quedan menos de 15 mil huemules en el mundo; y lo que está pasando con estos animales excede su especie", sostuvo el cineasta cipoleño.
Su historia con los huemules comenzó cuando conoció su nombre en la voz de un poblador en Lago Puelo. Por algo no pudo olvidarlos y comenzó a indagar en este ejemplar, tanto que lo quiso documentar, siguiendo su ciclo reproductivo, hasta romper con la estructura clásica del relato, humanizándolo. "Fue algo mágico", sintetizó.