La historia de Patricia es de película. Pese a todos los diagnósticos que decían que no iba a vivir más allá de su adolescencia, hoy es el ejemplo perfecto del milagro que provoca la unión entre la ciencia y la fe. En plena adolescencia, y tras una cirrosis hepática mal curada, el hígado se le debilitaba cada vez más y no había más que esperar el día en el que dejara de funcionar. Y el fin de semana pasado cruzó el lago Espejo nadando y el domingo bajó el Limay superior.
Fue el trasplante de órganos el que le cambió la vida para siempre; por ello, se convirtió en una propulsora de las donaciones. Una forma de salvar vidas y de agradecer el gesto de la familia de un adolescente que murió en un accidente. "Supe quién era de casualidad porque el protocolo prohíbe a los pacientes tener información del donante", contó emocionada.