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El candado cipoleño participará en prestigioso concurso nacional

El Mordaz será presentado en la nueva edición del INNOVAR que se realizará en los próximos días en Tecnópolis. Es un dispositivo de seguridad inviolable ideado y diseñado por el artista plástico Alejandro Pelaez.

El Mordaz, el original candado inventado y patentado por el cipoleño Alejandro Pelaez, fue seleccionado para participar en el próximo Concurso Nacional de Innovaciones INNOVAR que organiza el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación.

El acontecimiento, que este año llega a su 17ma edición, se llevará a cabo el jueves 20, viernes 21 y sábado 22 de este mes en el predio de Tecnópolis, en Buenos Aires.

El certamen premia a los proyectos ganadores con aportes económicos y otorga distinciones al mérito.

Un jurado evalúa las propuestas y define las calificaciones, pero además se realiza una votación pública que estará abierta durante los tres días del encuentro. Próximamente se informará dónde y cómo hacer para votar.

Pelaez, destacado artista plástico con trascendencia internacional, destacó que el solo hecho de estar allí es todo un logro y un reconocimiento, además de la posibilidad de promocionar el producto, dado que asiste gente de distintas partes del mundo.

Explicó que ocuparán un stand donde presentarán al particular candado. El equipo de profesionales que desarrolló su invento y la firma habilitada para comercializarlo en todo el país están a cargo del montaje del puesto.

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Chiquito y resistente

El Mordaz es de dimensiones reducidas, lo que lo hace práctico. Cabe en la mano de un adulto. Tiene la particularidad de carecer de gancho o arco, típico de los candados convencionales. Es un punto de fragilidad, ya que es donde los ladrones violentan con barretas o tijeras.

Es una esfera que se abre a la mitad con una llave y en su interior posee cuatro trabas que, al ajustarse con el mecanismo de cierre de la otra parte, hacen que el dispositivo sea invulnerable.

En esas trabas se le pueden colocar los eslabones de una cadena o bien inmovilizar los herrajes de una abertura al unirse las mitades y girar la llave.

El corazón del candado es de acero endurecido. Exteriormente es de plástico resistente y varía según el modelo. Hay algunos que son esféricos y otros más achatados como un yo-yo.

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Nació de una charla con el hijo

Pelaez, de 49 años, nacido y criado en Cipolletti y con una larga trayectoria como artista plástico internacional, comenzó a idear el candado en una conversación que mantuvo con uno de sus hijos, hace ya algunos años.

Hablaban sobre las opciones universitarias, pero rumbearon sobre el valor de las ideas, la vocación, la perseverancia y el ingenio para crear nuevas utilidades.

Justo tenían allí la bicicleta del joven con su candado de seguridad, el que le habían violentado un par de veces, y a Alejandro se le ocurrió ponerlo como ejemplo.

“Los candados siempre los hacen más grandes, pero igual los cortan. Nunca nadie hizo algo para resolver ese problema”, expresó.

Ese mismo día se puso a pensar y elaborar un candado inviolable. Se contactó con ingenieros de la UBA y luego con otros vinculados a la fábrica automotriz Iveco, quienes luego de seis años lograron concretar el prototipo que cumplió con los objetivos que perseguían: que el artefacto no tuviera un resquicio que permitiese ser violentado y que sea lo suficientemente fuerte para soportar golpes.

Especialistas en marketing consultados sugirieron nombrarlo Mordaz, como para describir su rusticidad, y así quedó. Lo que siguió fue el complicado recorrido para patentar la idea, y para eso debió apelar a estudios de abogados. Finalmente logró el aval del INPI -Instituto Nacional de la Propiedad Industrial- y su patentamiento.