Después de encadenarse, los feriantes quieren diálogo

Desde La Saladita buscan reabrir la negociación con el Municipio.

“No queremos una guerra. Todo lo contrario, vamos por el diálogo. Buscamos llegar a un acuerdo con el Municipio”. Esa es la voluntad de Vanina Sandoval y de otros feriantes involucrados en la polémica megaferia que intenta abrirse paso en esta ciudad. Con esa expectativa irán a la audiencia judicial del lunes que convocó el juez Gustavo Herrera para acercar posiciones.
La instancia de mediación llegó después del estallido de una bomba de estruendo en el edificio municipal, que el propio intendente Abel Baratti atribuyó a los feriantes. “Es cierto que hubo bombas de humo durante la protesta. Pero es imposible que nosotros hayamos podido llegar con una hasta el noveno piso. Por lógica, es imposible”, sostuvo la feriante, quien además de tener un stand, colabora con las tareas administrativas del Paseo de Compras de la ciudad.
“No somos personas violentas ni patoteras. Siempre buscamos el diálogo y lo que pasó me hace pensar en una estrategia del Municipio”, añadió la joven feriante.
Junto a Ricardo Lucero, uno de los organizadores de la megaferia, participaron ayer de una conferencia de prensa en el predio del paseo, para salir al cruce de las acusaciones y confiar, una vez más, su deseo de llegar a un acuerdo.
Aunque dicen que Baratti les dio su palabra para avanzar y no la cumplió, y que el Municipio los tiene a las vueltas y a su paso sólo encuentran trabas para hacer posible de una vez la apertura del paseo, se resisten a pensar que no hay salida. Confían en la mediación como una instancia de acuerdo, que hará valer sus derechos.
“No queremos seguir en este juego, donde vamos y venimos y nos pasan por encima. Somos ciudadanos como cualquiera y queremos que respeten nuestro derecho al reclamo y al trabajo”, expresó Sandoval.
Tras el incidente de esta semana, los feriantes quieren despojarse del rótulo de prepotentes que la Cámara de Comercio e Industrial local y el jefe comunal les imputan. La feriante aseguró que la actitud que asumieron desde el vamos fue apelar al diálogo y buscar respuestas que nunca llegaron.
Dijo que nada de lo que hicieron hasta acá derivó en una agresión, ni siquiera al momento de manifestarse. Cuando el juez pidió que desalojen el sector, se corrieron a la vereda y, tras el estallido de la bomba, decidieron retirarse, esperanzados en la mediación del lunes.
“Hemos tenido mucha paciencia, hemos buscado respuestas favorables, seguimos esperando y no pasa nada. Acá hay muchas familias involucradas que quieren trabajar. Y estamos cansados de que le sigan mintiendo a la gente que nos apoya para abrir el paseo”, indicó la feriante.
Aclaró que sólo piden la habilitación provisoria para avanzar con los trabajos pendientes, la misma que le dan a cualquier comerciante. “No decimos que no vamos a presentar los papeles. Somos monotributistas, estamos haciendo los aportes, tenemos los planos y queremos hacer las cosas bien”, concluyó.
La audiencia del lunes se realizará a las 10, en uno de los juzgados de Urquiza y España. Autoridades municipales y los organizadores del emprendimiento ya anticiparon que concurrirán a la citación del juez.
El Paseo de Compras, conocido popularmente en la ciudad como La Saladita, está ubicado a la vera de la Ruta 22, más precisamente en el kilómetro 1214, frente a la rotonda. Las obras para poner a punto el patio de comidas externo están paralizadas por una orden de clausura que sigue vigente.

Gestiones
No habrá permiso “provisorio”

Más allá de la disputa pública, La Saladita y el Municipio tienen otro fuerte contrapunto. Los feriantes quieren un permiso provisorio, para comenzar a recuperar la inversión, mientras se completan los trámites requeridos por la comuna, que ya anticipó que no otorgará una habilitación parcial.

EN TRES PASOS
Así sería el shopping popular

1- Está dividido en tres naves, según los productos a comercializar y prevé 150 stands, todos ya alquilados por emprendedores.

2- Funcionaría en un viejo galpón, frente a la rotonda de rutas 22 y 151, con estacionamiento para 300 autos. Les exigen una calle de ingreso.

3- La última iniciativa fue crear un patio de comidas, aunque las obras no se ajustaban a los planos y fueron paralizadas.