La historia del club Cipolletti, marcada por el sentido de pertenencia y una rivalidad picante

El albinegro cumple sus primeros 100 años con un recorrido que marcó a todas las generaciones.

La historia del club Cipolletti, marcada por el sentido de pertenencia y una rivalidad picante.

En la historia de la humanidad, cien años es apenas un grano de arena en el desierto. Para el ser humano es una vida. El Club Cipolletti está en ese trance, en esa etapa donde afloran los recuerdos que nos auto exige exprimir nuestra memoria tratando de retener cada hecho, cada momento, cada detalle de una vida ligada al deporte, la cultura y la vida social de la ciudad, sin que nos quede detalle sin señalar, cosa que no será posible y que sólo quedará reservada para Funes, el Memorioso de Borges.

El resto de los mortales habrá escrito su propio libro o filmado su propia película, reteniendo los momentos que lo representen y lo emocionen de acuerdo a la disciplina que lo haya cobijado en la institución. Angélica Romani, Gastón Rodríguez, Tato Mocagatta y Basiloff. Apellidos como, Lapuente, Schroeder, Belza, Scala, Cantera y tantos otros aparecerán en la memoria de aquellos atrapados por la natación, disciplina fundamental, histórica y vigente del club.

Mazzuchelli, Renzetti, De Rioja, García, Jara, Sensual, Martignone y muchos más, estarán ligados al básquetbol. Actividad sostenida a fuerza de sacrificio y voluntad por buena parte de la sociedad que vio en esta disciplina una oportunidad para la práctica del deporte de sus hijos y ellos mismos.

Eso también ocurre con el tenis que desde hace mucho tiempo a sabido reunir a familias enteras, teniendo en cuenta que se trata de una práctica deportiva de amplia franja etaria.

Muchas personas aún recuerdan aquel campeonato nacional de 1973 de pelota a paleta disputado en un trinquete que fue digno de elogio de los mejores jugadores del país. Desde entonces, se mantiene la tradición del encuentro diario de amigos, donde anécdotas, juegos de cartas, tragos y desafíos de parejas, se arman en ese lugar especial.

Ahora, el deporte convocante y que le da buena parte de fama e identidad a la institución, es el fútbol.

Apenas baste un encuentro circunstancial para que la referencia sea inevitable. Ni mencionar cuando la charla de café se extiende y aparecen los memoriosos que cuentan una y otra vez (por lo general cada una de ellas con mayores y dudosas precisiones) el gol que le vieron hacer al Bambi, la pelota que sacó Yorno, el partido que jugó el Ruso Strak, o referenciar aquel famoso partido de Bahía.

Porque el fútbol se metió en la piel del hincha de Cipolletti. Porque probablemente haya encontrado una herramienta de combate, deportivo claro, para esa rivalidad ancestral con la otra ciudad cercana de la provincia. Está claro que esa disputa generada por cuestiones políticas, culturales y sociales con Roca también se trasladaría a lo deportivo. Y si ése deporte es el fútbol, ni hablar.

Su génesis fue en 1975. El 15 de junio de ese año se conforma la fusión de la Liga Confluencia de Fútbol que comprendía el Alto Valle Oeste, partiendo de Allen, con la Liga Deportiva Río Negro, rectora del fútbol del Alto Valle Este. Con sede en Cipolletti, quedó sellada la hasta hoy Liga Deportiva Confluencia.

De esa ola de fusiones -ocurrió algo similar en varias partes del país-, los futboleros roquenses vieron la necesidad de fundar un gran club que los represente. De la unión de Italia Unida, Club Río Negro y la Asociación Patriótica Tiro Federal, nació el Deportivo Roca.

Era obvio, entonces, que dos ciudades que se miraban de reojo y mostraban su rivalidad en todo, trasladarían nada menos que al deporte más popular sus disputas hegemónicas.

Y fue memorable. Tribunas repletas como nunca se vieron en los partidos de liga, equipos súper competitivos y batallas verbales previas a los clásicos le dieron una vida hasta ahora nunca más vista por el fútbol zonal. Era tal la competencia y la superioridad de los equipos de la Liga Deportiva Confluencia, que quien ganase el torneo local con seguridad llegaría al Campeonato Nacional de AFA. Eso pasó en 1973 con Cipolletti, con Atlético Regina en 1974, otra vez Cipolletti en 1975 y 1977, Deportivo Roca en 1978, Cipolletti en 1979 y 1980 y Deportivo Roca en 1982, como datos parciales que son claros indicadores de potencial deportivo y económico.

Paternidad

Sin embargo, fue Cipo quien primó sobre su rival. La primera vez que se enfrentaron fue en un Luis Maiolino incipiente y con escasas comodidades. Lo ganaba el naranja con gol del Nene Travesino, lo igualó Emilio Staganaro, ese gran delantero que llegaba desde Centenario, y a ocho minutos del final Manolo Sanz le dio la primera victoria de la historia entre estos equipos al Capataz. Recién el 6 de noviembre de 1977, el naranja conseguiría su primer triunfo.

Los presidentes de los clubes eran Pablo Verani, de Roca, y Néstor Arturo García, de Cipo. Ambos supieron incentivar la rivalidad deportiva con tenidas dialécticas defendiendo a ultranza sus posturas. Le dieron impulso a la puja deportiva pero también se respetaron y terminaron siendo buenos amigos donde las cargadas ocuparon un buen espacio entre ambos.

Como para rescatar algo de la nostalgia que le despierta al hincha que siguió a Cipo por aquellos años, vale recordar la definición de 1977. En el partido de ida jugado en la Visera, Deportivo Roca por 3 a 2. Una semana más tarde, el Maiolino estaba a explotar y un humo naranja inundaba el estadio y las adyacencias, conociendo los vencedores de la semana anterior que un empate los dejaría en el Regional, boleto previo al Nacional.

Pero la fiesta no fue completa. Si bien el encuentro fue parejo y no se pudo abrir el marcador, a cinco del final una corrida del Bambi Flores les arruinó el festejo y obligó a estirar la definición en un tercer partido jugado en cancha de Unión de Allen. Allí la cosa benefició al naranja quien luego de 120 minutos de cero a cero y de la ejecución de muchos tiros desde el punto del penal, vencieran 7 a 6. Luego llegarían, por primera vez al Nacional. Cipo se desquitaría en los dos siguientes años, sacando una ventaja indescontable.

31 de agosto de 1980

Cipolletti jugaba el clásico con el Depo por la liga y, por supuesto, la cancha estaba llena, como siempre. Pero si las mirabas estaban puestas en este partido, los oídos lo estaban en los receptores que traían las noticias desde Posadas. En Misiones jugaban Guaraní Antonio Franco ante Andino de La Rioja por la última fecha clasificatoria de un triangular que depositaría a un equipo en el torneo Nacional de 1980. El tercero en discordia era el Albiné, a quien le correspondía fecha libre.

Cipolletti llegaba primero con una diferencia de más 10 goles. Si Guaraní ganaba, cosa muy probable, igualaría a Cipo por lo que importaba en grado sumo la diferencia. Los mesopotámicos no debía ganar por más de seis goles. Por lo tanto, mientras que aquí el clásico estaba 2 a 2, en Posadas ganaban los “franjeados” pero por escasa diferencia.

Cuando en el estadio de la Visera promediaba el segundo tiempo, llegó la mejor noticia y fue que Guaraní “apenas” había ganado por 5 a 2. Se paró el partido, mientras hinchas y jugadores albinegros saltaban por el festejo, muchos roquenses desinformados no conseguían entender el porqué de esa fiesta desatada de la nada.

Huracán de Comodoro, Alianza, Independiente de Neuquén y Olimpo, se apuntan como clásicos. Pero la verdad es que hay mil historias, mil motivos que el tiempo pudo borronear pero que sirven para dejar en claro que el viejo seguidor del fútbol zonal no tendrá ninguna duda en señalar que, por lejos, el clásico de Cipo fue, y probablemente siga siendo, el Deportivo Roca.

Sin uno, es muy probable que el otro no hubiese cobrado la trascendencia que tiene. Los dos pasaron por grandes momentos y etapas difíciles. Cipo pudo resurgir porque su gente, que es lo más grande, apoya, gestiona, empuja y exige. Todavía está a varios pasos de volver a aquellos viejos tiempos de gloria, sin embargo, la esperanza está intacta y tiene vida. Y si Cipo está con vida, no dude que respirará fútbol.