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Nació como una escuela recreativa de fútbol con el sello de la familia Perilli. Hoy tiene múltiples propuestas recreativas e inauguró un gimnasio de 520m2 para gimnasia artística.
El apellido Perilli está estrechamente ligado a la ciudad de Cipolletti, particularmente al fútbol. Nacido en La Plata, Juan Perilli fue el primer jugador profesional por aquí, un “catedrático” en el oficio de descubrir jugadores y prodigar enseñanzas. Su hijo Domingo tenía el arte en el cuerpo, al menos cuando entraba a una cancha a trote cansino, gambeta y pase milimétrico. También fue el DT más exitoso que se recuerde. Juan Martín, nieto del primero, sobrino del segundo, heredó esa pasión efervescente por el club albinegro y el ADN por la enseñanza vinculada al deporte.
Juan Martín, 35 años, recién casado, cien sobrinos, también jugó al fútbol, en casi todos los clubes locales y sin obtener demasiados pergaminos. El mandato era fuerte por el lado paterno, y ni que hablar por el materno: su madre, Alejandra Padín, es la hija de quien fue ungido por hinchas y memoriosos como la maravilla más grande jamás vista en una cancha por aquí: el gran Tito Padín.
Tanta herencia, tanto mandato, definieron las coordenadas de vida de Juan Martín. Estudió Educación Física, se capacitó y hace 12 años, cuando apenas era un pibe, fundó una escuela de fútbol recreativa que con el paso del tiempo se reinventó en un centro deportivo que funciona en un predio enorme, cómodo, funcional, instalado en la calle Maestro Espinosa y donde casi 600 nenas y nenes, jóvenes y adultas practican fútbol, básquet, vóley, patín, gimnasia artística, handball, slackline y estimulación temprana.
El CIF ya tiene identidad propia en la ciudad que lo vio nacer. La pilcha verde y gris pulula por diferentes rincones de Cipolletti, desde aquel lejano 2011, cuando comenzó a funcionar en un galpón de la calle Tres Arroyos -donde había canchas de fútbol 5-, hasta la fecha.
El sábado pasado todas y todos lavaron las remeras, los pantalones y buzos con el logo de un simpático armadillo, porque el CIF estuvo de fiesta. A Juan Martín no le entraba el orgullo en el pecho al darle inauguración a un gimnasio de 520 metros cuadrados, donde ya funciona Gimnasia Artística con nuevos elementos, inclusos algunos olímpicos (viga, mesa de salto, trampolín, espaldar sueco, barras paralelas y una tamblinera).
Porque si bien por sus venas fluye la sangre futbolera, encontró en un deporte como la Gimnasia Artística una conexión con el pasado para dar respuestas al presente, proyectando hacia el futuro. “Hablando con muchas mujeres de mi edad, indagándolas acerca del deporte que habían realizado de niñas, muchas me decían Gimnasia Artística. Y al preguntarles por qué habían dejado, confesaban que porque siempre era competitivo, y muchas quedaban en el camino. Además, vi que en la ciudad sólo había un lugar para el deporte, era municipal, y no daba abasto”.
Ahí comenzó todo, un nuevo camino en 2018 con un puñado de colchonetas, una tabla de pique usada y unas maderas que oficiaban de viga. “Sirvió mucho una capacitación que nos dio el licenciado Mariano Licenciado Mariano Fainberg, capacitador Nivel III de la Federación Internacional de Gimnasia. Nos iniciamos en septiembre de ese año con 25 nenas como escuela recreativa, pero en 2019 nos decidimos a crecer y nos mudamos al Centro Israelita de calle Irigoyen, donde duplicamos el número de alumnas”, contó.
La pandemia golpeó los ánimos pero no la motivación y en el 2021, cuando el mundo volvió a ser mundo, el CIF redobló la apuesta: “Sumamos más días, más profes, más nenas y comenzamos a pensar, a ver la necesidad de contar con un espacio propio”.
Con el gimnasio propio también llegó la incorporación de la actividad federada, muy buenas participaciones en torneos provinciales y las primeras incursiones en el concierto nacional de la Gimnasia Artística.
Todo ocurrió este año, con corte de cinta incluido el sábado pasado, en un festejo extenso y multitudinario del que participaron 180 niñas y niños, profes, familias y autoridades como Liliana Artola (secretaria de Deportes) y Karina Álvarez (electa presidenta del Concejo Deliberante, además de titular del club Pillmatun).
El CIF se ganó ya un lugar destacado en el deporte de la ciudad, porque tiene una construcción de la actividad con inclusión plena de las familias, un profundo respeto por las necesidades de sus alumnos (son quienes definen si competir o recrearse) y una marcada impronta en la educación, seguramente definida por la historia familiar de Juan Martín.