El Club San Martín de Cipolletti celebra 86 años de historia, trayectoria y compromiso popular desde sus orígenes en el emblemático barrio Don Bosco.
*Por José Quiñones
Un club de barrio, nacido como tal sin sectarismos ni exclusiones; modesto como el lugar que lo cobijó definitivamente allá lejos y hace tiempo, lejos del asfalto y de las luces del centro. Con las puertas abiertas a la comunidad cipoleña, ajeno al elitismo. Desde el corazón del barrio Brentana (aunque siempre será el Don Bosco), hoy la familia sanmartiniana levanta sus copas por un nuevo aniversario, recorriendo imaginariamente la historia en un viaje cargado de sentimiento para evocar los gratos momentos y los que no lo fueron.
Los buenos y los malos momentos marcaron un tiempo y se sucedieron a lo largo de los años conformando un perfil de pertenencia que cada uno de sus adeptos atesora con orgullo. La etapa fundacional, el andar errante desde la originaria cancha sobre la calle Tres Arroyos hasta arribar al “campo” de Kossman (luego Don Bosco), la primera camiseta de fútbol que fue la de Boca para adoptar luego y para siempre la emblemática “celeste”, los campeones de la Liga Mayor de 1959, la impronta de la familia Salto, el gimnasio que fue la obsesión de Oscar Ludman y las rosas que bordeaban el campo de juego, los bochófilos y la subcomisión de ciclismo, la Mona Bravo y el Pato Alonso, el descenso a los infiernos y la resurrección con la Comisión Reorganizadora en el 2004 cuando el club vivió su propia “Luna de Avellaneda”; todos hitos relevantes de una rica y dilatada trayectoria.
El desembarco en el Don Bosco promediando los años 50, en la esquina de Chile y Primeros Pobladores, la inmobiliaria Mercau, por intermedio del martillero Mario Manara sacó a la venta varias hectáreas propiedad de la familia González Larrosa. El club, necesitado de encontrar un lugar para asentarse definitivamente, concurrió a la subasta representado por Adolfo Rosales, Héctor Díaz, Héctor Demetrio Suárez, Néstor Varela y Cañón.
Con pocos interesados a la vista, los 90.000 pesos que ofrecieron los directivos fueron suficientes para adquirir las tierras en medio de la nada, a pesar del escepticismo del resto de los socios con respecto al futuro, ya que el baldío se ubicaba en la periferia del pueblo y se exhibía poco hospitalario.
La construcción de mejoras en el lugar no fue inmediata. Durante los dos primeros años de la adquisición los terrenos fueron alquilados a uno de los socios, el Coco Guerrero, que los utilizó para plantar papas, con la condición de trazar acequias y colocar los álamos perimetrales. Sobre el frente oeste de las tierras, entre Chile, Primeros Pobladores y Juan XXIII, lindaba una franja perteneciente a una congregación de religiosas de Bahía Blanca, que se integraron al patrimonio del club mediante una permuta por un terreno que San Martín tenía en la zona céntrica (Sarmiento y 9 de Julio).
Desde el grupo de soñadores del 6 de noviembre de 1940 hasta el presente, hay un desfile incesante de nombres y más nombres que aportaron lo mejor de sí para gestar esta construcción colectiva que es el club San Martín. Sin distinciones de alcurnia, todos ellos tuvieron protagonismo en las crónicas, dejando huellas indelebles en la memoria y el corazón.
Este viernes 6, el León del Don Bosco festeja con humildad y compromiso; premisas que vienen del fondo de la historia y son parte de su esencia de club de barrio y popular.
* José Quiñones, autor de El León del Don Bosco, el libro que retrata la historia del club San Martín.