Hoy cumple 100 años una pasión que nació albinegra, exitosa, en el centro de la ciudad, y mucho antes de 1926.
En el pueblo que no tenía ni diez años, jugaban unos muchachos con una curiosa camiseta a bastones blancos y negros. La cancha se ubicaba donde hoy está la Plaza San Martín, en el centro de la ciudad, y se hacían llamar Cipolletti Athletic Club. Adoptaron el nombre de la estación de tren que desde 1909 homenajeaba al ingeniero César Cipolletti, y por ese nombre muchos llamaban al pueblo que oficialmente se denominaba Colonia Lucinda.
Ya en 1920, se conformó la primera Comisión Directiva del equipo albinegro con denominación inglesa. Su presidente, Antonio Bardi, profesó: “En el futuro hará imperar en esta zona los colores blanco y negro”.
Los mismos llegaron en 1912 a través del jugador Rafael Ciccone, que trajo las camisetas de Puan FBC y Blanco y Negro de Coronel Suárez, vecinos entre sí de la provincia de Buenos Aires, clubes sin trascendencia nacional que aún existen y visten igual que el Capataz de la Patagonia.
Entre 1920 y 1926, Cipolletti Athletic Club absorbió a los clubes Juventud Unida e Irrigación, y consiguió el apoyo de la sociedad italiana El Piave, que años después se disolvió para aliarse también al gran club de la ciudad. Algo grande se estaba gestando.
El 15 de octubre de 1926, la Comisión Directiva albinegra presentó el Acta de Fundación en Personería Jurídica. Un cambio importante fue el nombre, que se castellanizó a Club Cipolletti. Además, mudó su sede de la actual Plaza San Martín a los terrenos de Mengelle y O’Higgins, que mantiene un siglo después.
Allí, uno de los entusiastas del club que sacó las malezas de los terrenos fue Gastón Vernet, quien registró el escudo del Club Cipolletti en la página 16 del ejercicio 1927/28 del club. Es, en líneas generales, el mismo que se utiliza en la actualidad.
Hace 100 años, estos terrenos amplios estaban en las afueras de la ciudad. La comunidad se volcó de lleno, a través de ferias y kermeses en diciembre de 1926, para juntar fondos, con el sueño de construir un campus deportivo. El predio se inauguró en agosto de 1927 con una carrera de bicicletas y un partido entre los equipos suplentes de Cipolletti e Independiente de Neuquén. Los rojos y albinegros se unieron para el siguiente partido bajo el nombre “Combinado Cipolletti-Neuquén” y enfrentaron al invitado Control y Telégrafos de Bahía Blanca.
Una década antes y cinco después de la fundación, el equipo de fútbol albinegro fue muy exitoso a nivel local. En esos tiempos, el techo era la Liga Confluencia y algún que otro torneo de integración con Neuquén. Hubo que esperar medio siglo para alcanzar la trascendencia nacional.
Hubo muchos Padín integrando equipos albinegros entre 1920 y 1956; llegaron a jugar cinco Padín juntos. En aquel exitoso fútbol chacarero sobresalió la figura de “Tito”: Héctor Padín. Un deportista formidable, según quienes lo vieron, lo disfrutaron y lo enfrentaron. A los 13 años ganaba trofeos jugando al tenis y era convocado a la selección de Río Negro y Neuquén para torneos nacionales. Después brilló como jugador de básquet en el club, deporte monopolizado por Independiente, pero la Federación Neuquina convenció a Tito para que los reforzara en un Campeonato Argentino en Corrientes.
Practicar tantos deportes le dio un estado atlético superior. Quienes lo vieron aseguran que jamás hubo otro jugador con tanta habilidad y velocidad mental en Cipo y en el fútbol regional. Nunca quiso dejar su ciudad; por eso rechazó ofertas para sumarse a Racing y a Tigre. Se retiró en 1956 con un banquete en su homenaje que duró tres jornadas. Y hasta sus últimos días, en 2010, asistió al club de sus amores con su raqueta de pelota paleta.
Después vinieron las épocas de poner a Cipolletti en el mapa futbolístico del país. El club, que impuso su nombre en la segunda década del siglo XX y lo legalizó en 1926, un año después lo extendió a la ciudad. En 1927, por decreto presidencial del doctor Marcelo T. de Alvear, la ciudad pasó a llamarse Cipolletti.
Artículo de Sebastián Sánchez, autor del libro: La Pasión de Cipo