La jornada de ayer, por el viento, no fue fácil. Entre Allen y Neuquén, por la Ruta Chica, la bici de reparto se hizo más pesada que nunca. En la parte trasera va colocada una enorme mochila y una inconfundible bandera argentina. En el asiento delantero, cómodamente sentado, va Erik, un corpulento niño que disfruta como pocos de la aventura viajera.
“¿Vos estás en pedo?”, fue una de las primeras expresiones que Mundaca soltó a la hora de que su hijo lo desafió con el viaje. Diplomático, ayer el deportista bajó el tono a la expresión y recordó que le parecía cuesta arriba el proyecto debido a los miles de kilómetros. La insistencia de una amiga catamarqueña a través de la red social Facebook torció la balanza y padre e hijo decidieron armar el plan de la gran bicicleteada. Primero, vino la selección del vehículo de dos ruedas y se decidieron por la tradicional, utilizada para repartos y que, a pesar del peso, permite llevar en forma cómoda una mochila de grandes dimensiones y una silla en la parte delantera, donde va sentado Erik. Luego, el segundo paso fue resolver la fecha y acordaron hacerlo durante las vacaciones de verano.
Ritmo intenso
Contentos, con bolsas de dormir, varias provisiones y unas colchonetas, los chubutenses iniciaron la travesía el jueves. El ritmo que le impone Quique es intenso y por eso hicieron su arribo a la zona este fin de semana. Ahora viene un merecido descanso en Neuquén junto a familiares. Después, retomarán el camino en dirección a La Pampa, y de allí, a Mendoza y San Luis.
En cuanto al descanso y las paradas, Quique explicó: “Podemos dormir en medio del campo, en la carpa o en casas particulares porque durante el viaje nos preguntan de dónde venimos y a veces nos ofrecen un lugar para descansar”. La solidaridad en las rutas siempre está a flor de piel y ayer los aventureros tuvieron su recompensa cerca de Puente 83, con algunas frutas que les regaló uno de los vendedores.
No es la primera vez que padre e hijo se lanzan a la aventura. Con este recorrido, cumplirán su quinta travesía. La última, se extendió por 9.000 kilómetros. Con su nueva apuesta, esperan superar en forma amplia su anterior marca y si Dios lo permite, mostrar a propios y extraños casi el doble de distancia recorrida.
Antes de seguir viaje, no se olvidan de agradecer a los vecinos que los apoyan y de dejar asentado, que nada es imposible.