Hace 13 años nacía en la ciudad la Feria del Trueque, producto de la crisis social, política y económica de fines de 2001. En un comienzo los vecinos se reunían para intercambiar bienes de consumo y afrontar así la difícil realidad que les tocaba vivir. Pero con el tiempo, ese lugar de encuentro comenzó a mutar hasta convertirse hoy en un verdadero centro comercial, con ofertas de más diversas.
Esta feria, ubicada en la plaza Vecinos Pioneros del barrio Don Bosco, funciona solo tres días a la semana: lunes, miércoles y viernes. Y en cada jornada son miles los vecinos que se acercan. Algunos con el objetivo de comprar algo en particular, mientras que otros lo toman como un paseo para disfrutar solos, en pareja, con la familia o junto a amigos.
“Acá vienen vecinos de muchos barrios porque los precios son más bajos que en otros lados”, explicó un verdulero que hace más de cuatro años tiene su puesto en la plaza de Perú y Primeros Pobladores.
En la feria se comercializan productos de distinta índole, aunque la mayoría pertenece al rubro indumentaria. También hay puestos de frutas y verduras, juguetes, artesanías, repuestos, música y películas, entre otros.
En la actualidad el lugar luce consolidado y es de visita recurrente para muchas familias cipoleñas. Pero en estos años mucho fue lo que tuvieron que trajinar los feriantes para que se les permitiese llevar acabo su actividad.
“Algunos comerciantes nos han tirado la bronca porque tenemos los productos más baratos. Es entendible, pero nosotros venimos acá a trabajar, no a robar, y a los laburantes se los tiene que respetar”, reclamó el mismo verdulero, ahora un tanto más beligerante.
Alternativas que no fueron
El comercio en la vía pública es un tema urticante para las autoridades municipales desde hace ya varios años.
Si bien la del Don Bosco es la más populosa, en Cipolletti hay varias ferias, como las que se instalan en el Anai Mapu, en el Parque Rosauer y en la esquina de Miguel Muñoz y Lavalle, entre otras.
Las autoridades municipales de turno, en más de una oportunidad, plantearon la necesidad de regular la actividad y hasta barajaron diferentes alternativas, como la de destinar un lugar único para todos los vendedores callejeros de la ciudad.
Sin embargo, estas propuestas fueron o bien desestimadas, o dejadas en el tintero.