Un paso histórico para el desarrollo urbanístico se dio el martes con la compra, por parte de cooperativas y consorcios de la ciudad, de las últimas tierras privadas disponibles en el Distrito Vecinal del Noreste (DVN). Concluyó así un largo proceso de desarrollo y consolidación de un proceso tendiente a facilitar el acceso a lotes para miles de familias cipoleñas que, a partir de esta iniciativa, pueden ver el horizonte con más optimismo y confianza.
Según las estadísticas de la comuna, suman 2.836 los lotes que han sido adquiridos por cooperativas, consorcios y organizaciones sindicales desde el comienzo de las acciones para conformar el distrito, lo que requirió una inversión de 8.708.172 pesos.
A este millonario monto habría que añadir cifras más que considerables para todo lo que tiene que ver con la limpieza y demarcación de los predios, y también con la provisión de servicios básicos y otras iniciativas en materia de trabajos públicos. Está así muy claro que la propuesta del DVN ha demandado muchos más sacrificios, esfuerzos y perseverancia de lo que podría apreciarse a simple vista.
Alfredo Muruaga, secretario de Gobierno del municipio, se refirió a la consolidación definitiva del proyecto urbanístico, respecto del cual dijo que “es una muy buena solución para el problema de las tierras en la ciudad. Y uno de los aspectos más interesantes de todo esto es que la gente ha colaborado y participado activamente en su realización”.
El funcionario dio cuenta de la complejidad y amplitud de la labor realizada. “El DVN ha sido planificado de tal manera que las infraestructuras básicas estén completas, en materia de agua, gas y electricidad, además de contarse con las reservas suficientes para tener espacios verdes, salones de usos múltiples, escuelas y puestos sanitarios”, puntualizó. El resultado será que, en los próximos años, habitarán en el sector unas 12.000 personas, lo que “es prácticamente un nuevo pueblo”, agregó.
La noción de distrito con que ha sido concebida la zona guarda relación con la gran cantidad de habitantes que se prevé para ella. “Habrá algunas cosas centralizadas y el resto constará de actividades descentralizadas para que haya menos movimiento, menos gastos y menos conflictos en materia de despachos administrativos”, enfatizó.
En la última operación de compra de tierras, efectuada el martes, participaron los propietarios de los sectores identificados como Huelgueta y López. En el primero, intervinieron una decena de entidades entre cooperativas, consorcios y gremios, las que tendrán así disponibles 200 lotes, en tanto que en el segundo, lo hicieron un número similar de entidades, que podrán acceder a 190.
Ya no quedan más predios privados en el DVN. Las tierras que lo conforman pertenecían a las familias Grispino (212 lotes, incluido un grupo para la comuna), Suárez (213), Tesoniero (65), De Elía (65), Monsalve (56), Camacho-Fuentes (183), Pierantoni (203), Núñez (97), Kristensen (83), Prospitti (83), Benítez (140), Marín (97) y Quintana (20 lotes y tierras para un centro educativo), más Helgueta y López, que ya han sido consignados.
A estos loteos hay que añadir los que surgirán de la expropiación de las tierras del ex Banco Hipotecario Argentino, en el que se prevén 160 predios, que ya tienen destinatarios en cooperativas y consorcios. Y hay más. Son las tierras que posee en la zona la propia Municipalidad, de las que se estima podrán salir otros 815 lotes.
Ahora, aunque parezca increíble, ya se debe ir pensando en un futuro post-loteo del DVN. Para ello, la mirada de las autoridades municipales, ante las dificultades para disponer de más tierras en el actual sector urbano, están puestas en la Margen Sur. Allí, al otro lado del río Negro, muy accesible cuando se termine el puente de Isla Jordán, se harán las urbanizaciones del porvenir. Suena casi a ciencia ficción, pero será realidad, otra realidad.