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Cuando la literatura se viste de mameluco

Dos cipoleños publicaron un libro para incentivar a la clase trabajadora a escribir.

A pulmón, y con el objetivo de generar una renovación literaria a partir del aporte de los sectores populares, y en especial de las nuevas generaciones, que tienen el deseo de escribir y no se animan. Ese fue el motor que impulsó a Pedro Schenfelt y Mónica Flaherty a publicar Literatura de mameluco. Escribir desde las orillas, el libro que se presentó este último viernes en el salón APJAE de Cipolletti.

La idea de estos dos autodidactas es dar herramientas a quien tiene la necesidad de volcar su pensamiento en un papel u otro soporte, pero que no está familiarizado con la práctica y el arte de escribir.

“No es una guía literaria, sino un punto de vista distinto sobre la literatura”, aclaró Pedro Schenfelt, el cipoleño que hace un año fue reconocido por la Legislatura de Río Negro por su primer libro, Vendedor de manzanas, obra que recoge vivencias de los vecinos de esta ciudad hace 60 años.

“No quisimos hacer un manual, eso lo podés aprender en un taller. Nosotros dejamos la enseñanza de la literatura a quienes corresponde. Estas son cositas que vas aprendiendo con la experiencia”, explicó y precisó: “Apuntamos a cómo puede empezar a escribir gente trabajadora que no viene del extracto literario, como un albañil, un mozo o un mecánico, de ahí el título del libro. Sugerimos empezar con un cuaderno o un diario personal donde se puedan apuntar cosas, luego juntarlas. Decimos qué es lo que no hay que repetir, cómo formular los títulos y mencionamos qué trámites tienen que hacer para imprimir un libro”.

Casi como una respuesta al reflejo que le devuelve el espejo de su propio pasado, Pedro encaró el proyecto para potenciar y canalizar las ganas de muchas personas que plasman reflexiones en un papel, pero que luego se quedan a mitad de camino y sin salir a la luz. Él pudo comenzar a darle lugar a esa vocación recién hace cuatro años, cuando la jubilación alivió su rutina de largas horas de trabajo. “Yo siempre escribí. Tengo zambas y canciones que andan dando vueltas por ahí. Pero trabajaba, de algo tenía que vivir”, contó quien pasó gran parte de sus días, incluso fines de semana, entre cables de alta tensión como empleado de mantenimiento en Hidronor y luego en Transener.

“Hace 19 años que estoy en el Centro de Escritores, pero recién ahora pude empezar a ir más seguido”, acotó. Fue precisamente allí donde conoció y comenzó a compartir opiniones y proyectos con Mónica, quien como él despunta el vicio de la escritura desde chica. “Como teníamos miradas en común sobre la literatura y en relación con cómo bajarla al pueblo y a las orillas, decidimos hacer el libro”, indicó.

Revolucionar las letras, el objetivo

“La literatura estructurada existe y es muy buena. Pero está aplacada, hay que incorporar otra gente, con otros puntos de vista y pensamientos. Con Mónica (Flaherty) coincidimos en que a la literatura la tienen que componer todos los estratos sociales”, sentenció Pedro Schenfelt, y argumentó: “Hay un mundo paralelo que no sale a la superficie pero que existe en la gente de los alrededores. El otro día hablaba con un bombero jubilado que tiene muchas cosas que contar. Está bueno que se animen a hacer algo. La idea no es gastar miles de pesos pensando que vas a llegar al Nobel y que te va a leer todo el mundo, sino escribir para la gente que tenés alrededor, para el barrio, para el pueblo. De ahí tiene que partir una nueva mirada sobre la literatura”, recalcó. En su primera edición, Literatura de mameluco. Escribir desde las orillas cuenta con 100 ejemplares, de los cuales 50 se repartirán gratuitamente en escuelas y bibliotecas populares. “Nosotros dijimos, ‘con 50 libros que vendamos más o menos salvamos los gastos’”, comentó Schenfelt, quien junto a su coequiper financió la iniciativa. Para atenuar los costos, Flaherty se encargó de la diagramación.