Darío, de 26 años, instaló su puesto hace dos días en Avenida La Plata y La Esmeralda, frente al Parque Norte. "Trabajaba repartiendo mercadería, pero no me alcanza para vivir. Con mi hermano decidimos instalarnos acá y ver cómo nos va", explicó el joven. La mañana del jueves amaneció fresca, y Darío se calentaba con unos mates. "Acá no hay problemas ni con los vecinos ni con los comercios. Es más, la gente de la panadería me calienta el agua para los mates, y hasta me compraron frutas", relató. Contó también que se acercó al
Municipio para pedir el permiso correspondiente, y le respondieron que el único lugar donde puede vender es a la vera de la Ruta 151.
"Yo tengo miedo de que venga la Municipalidad y me saque, y si pasa, tendré que agarrar mis cosos e irme", expresó.
En la calle Naciones Unidas existen cinco puestos de similares características, desde Alem hasta Circunvalación. Carlos (38 años) está ubicado en la esquina del polideportivo municipal. "Instalé el puesto hace 8 meses cuando me quedé sin trabajo. Con esto mantengo a mis dos hijos, a mi mujer, incluso a mis padres, que son jubilados", comentó. Dijo que los vecinos no se molestan; es más, cuando no va, lo extrañan y se preocupan. "La principal característica de nosotros son los precios. Tenemos los tres kilos de papas a $20, el kilo de cebolla a 15 pesos, y los dos kilos de manzanas a $25", detalló. Pero no todo es ganancia. Para trasladar la mercadería debe pagar un flete todos los días que le cobra 100 pesos.
Por su parte, Yanet (38) vende frutas y verduras en un descampado de Naciones Unidas y Capitán Gómez. La acompaña su pareja y una adolescente que colabora para llevarse unos pesos a su casa. El puesto lo tenía detrás del CEM 17, pero por la lejanía a su domicilio decidieron mudarse. "Este negocio me da la comida para mí y para mis hijos", explicó la mujer, quien tiene a su cargo cuatro chicos. "Gracias a esto y a la asignación, ellos pueden estudiar y no les falta la comida", señaló. Y los días en que las ventas no andan bien, tienen qué comer: su mercadería. Yanet está de 9 a 22, y dice que ya tiene su clientela, pese a que a media cuadra existe otro puesto similar. Alejandro (26) tiene su venta a 500 metros. Trabaja junto a sus dos hermanos y un cuñado hace 3 años. El año pasado efectivos policiales junto a un operativo municipal le destrozaron el puesto y le tiraron toda la mercadería a la calle. Por resistirse a la autoridad, actualmente tiene una causa penal abierta, y debió pagar la mercadería tirada ya que era fiada. "Trabajaba de albañil. Cuando terminó la obra, me quedé sin trabajo y comencé a vender acá", comentó el joven. Pese al constante acoso del municipio para que abandone el lugar, Darío sigue allí, y cada vez ofrece más variedad de frutas y verduras, a precios accesibles.