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Confesó un asesinato, pero podría quedar en libertad

Aseguró apuñalar al petrolero atacado por la jauría de cimarrones.
El remordimiento y la presión fueron factores clave para que un joven se adjudicara el asesinato de un trabajador petrolero, en Villa Manzano. Sin embargo, el principal sospechoso podría quedar libre porque la víctima fue atacada por perros salvajes que borraron la evidencia, y su testimonio no sería suficiente.
Hasta que se dio a conocer el joven, se creía que Mauricio González había muerto producto del ataque de una jauría de cimarrones en la Navidad del año pasado. La declaración sorprendió ya que se presentó espontáneamente en el Juzgado de Instrucción 6 y se autoincriminó ante el juez Gustavo Herrera. El magistrado cuenta  con la confesión como única evidencia en su contra. 
Fuentes judiciales comentaron que el jueves se presentó en Tribunales y declaró ante el juez: “No aguanto más la presión que tengo. Veo ir y venir a la Policía y ya no puedo ocultar más esto. Yo lo maté”. Tras su relato, sin rodeos, ahora es el principal sospechoso de haber asesinado al joven petrolero. Según su versión, lo apuñaló en una pierna y huyó. 
González, de 21 años, fue encontrado por la Policía en un sector de chacras rodeado de perros cimarrones, minutos después del mediodía de Navidad. Apenas pudieron separarlo de los canes, lo llevaron de inmediato al hospital de Cinco Saltos donde, una hora más tarde, murió. 
Su madre se había acercado a la Policía ese mismo día para denunciarlo como desaparecido ya que había salido de su casa a festejar y nunca había regresado. La mujer después se tuvo que acercar al centro de salud para reconocer su cuerpo debido al mal estado en el que había quedado. 
El hecho comenzó a investigarse sin descartar nada. Por un lado, se trataba de esclarecer si había sido un incidente desafortunado, que suponía que la víctima se cayó de su moto y fue salvajemente atacada; y la otra teoría vinculaba el hecho con un homicidio. Esta última fue apoyada por vecinos del sector y por la madre de González, pero nada indicaba que sus versiones eran ciertas. 
La autopsia afirmaba que había muerto por las mordeduras que había sufrido y no existía ningún otro elemento que brindara información sobre un presunto crimen. Las escasas pruebas apuntaban a que la clave, para esclarecer qué había pasado, estaba en la reunión que había mantenido previamente con conocidos de Villa Manzano. 
En las primeras horas, los testigos no aportaron demasiada información pero con el correr de los días, la situación se fue aclarando, a tal punto, que quien habría atacado a González se presentó espontáneamente y afirmó que él fue quien lo asesinó. El joven petrolero se desangró en el lugar y el olor atrajo a los perros que se le abalanzaron y terminaron de matarlo. 
Incriminante 
Otro testigo dijo que habían peleado antes de que fuera apuñalado ya que discutió con la víctima y que esta habría intentado herirlo con un cuchillo. “Yo le pegué y me fui. Yo no lo maté y cuando me fui estaba con su moto”, aseguró uno de los chicos que estuvo reunido con él. 
El gran desafío ahora lo enfrenta Herrera, quien tendrá que reunir pruebas para poder acusar al hombre ya que su confesión no es suficiente para imputarlo en la causa. La fuente consultada comentó que habrá una reunión entre el forense y un veterinario para establecer si la apuñalada que recibió González fue la mortal. La tarea será ardua ya que los perros comieron gran parte del tejido donde fue herido.