El tribunal, integrado por Pablo Repetto, César Gutiérrez Elcarás y Guillermo Baquero Lazcano, lo encontró culpable a Condorito del delito de homicidio simple, agravado por el empleo de arma de fuego en concurso ideal con portación no autorizada de arma de fuego de uso civil.
La materialidad y autoría del crimen ya estaban acreditadas. Así lo aseguró el fiscal general Gustavo Herrera y también el abogado defensor, Mario Nolivo, quienes coincidieron en que el anciano debía cumplir 10 años y 8 meses de prisión domiciliaria.
El asesinato de Wertmuller ocurrió el 23 de febrero del 2014 en el paraje Santa Elena, cerca de los Hornos de Polaco, aproximadamente a las 17:10.
Según se desprende de la investigación, la víctima se encontraba en su domicilio arreglando el cerco perimetral en compañía de Flavio Ramírez, cunado llegó el tío, Jorge Ramírez, con quien se inició una discusión que con el pasar de los minutos fue aumentando de temperatura. Así fue que los contendientes, armados con cuchillos, comenzaron a forcejear violentamente.
10 años y ocho meses fue la pena impuesta por el tribunal.
Según el expediente, el anciano intervino en una pelea entre un hijo suyo y un nieto (tío y sobrino) y quiso dispararle al más chico. Pero el tiro terminó hiriendo de muerte a un vecino.
El desenlace
Wertmuller intervino con la intención de separar a sus vecinos y evitar que se hicieran daño. En ese momento hizo su aparición Condorito, padre de Jorge y abuelo de Flavio, con un arma de fuego en la mano. Decididamente, según consta en el expediente, efectuó un disparo contra el más joven, pero la bala no llegó a destino, o por lo menos al destino original, sino que terminó impactando en la espalda de Wertmuller, quien murió minutos después producto de una hemorragia interna.
Todos los implicados eran vecinos de la zona, cercana al basural. El testimonio de un joven llamado Maicol, que habría presenciado el trágico desenlace, fue determinante para esclarecer el hecho.