El emprendimiento arrancó en la calle J.M. de Paris en 2020. El trabajo en equipo los hizo expandirse y formar un equipo que está más que listo para la instancia que sigue. Conocé su historia.
La historia de Street Food tiene muchos condimentos. Comenzó en un departamento de calle J. M París y fue en subida. Con la fortaleza de contar con un plan familiar, las ganas de hacer algo distinto para la ciudad y objetivos claros, llevan su hamburguesa a una competición nacional.
Bajo el lema ''hacemos hamburguesas'' cuentan a LM Cipolletti cómo comenzó esta historia y cómo hicieron la diferencia en un certamen que hoy los tiene preseleccionados para competir en octubre en Buenos Aires.
Isaac se encuentra en el corazón del local de Neuquén capital. Cuidan minuciosamente las hamburguesas que hoy reciben como pedidos en plataformas. Junto a una de las líderes del equipo, Carla, se toman un descanso para poder contar su historia. Hans, desde el otro local hace llegar las fotos que ilustran una historia familiar donde el concepto de ''equipo'' resulta fundamental para mantenerse en constante movimiento.
La familia había llegado a Bariloche desde Venezuela. Allí intentaron instalarse en el rubro comercial. Sin embargo, el destino que los esperaba, era el Alto Valle.
Llegó marzo del 2020, una época disruptiva en la historia de la humanidad por el COVID-19. Hans, el padre de Isaac y Moisés llegó desde Chile a visitarlos y por la pandemia y quedaron confinados. En ese momento tuvieron que ''reinventarse''.
El emprendimiento arrancó en la calle J.M. de Paris, en el departamento familiar. No había local ni cocina profesional: había una casa transformada en cocina de producción. Y no era solo hamburguesas: al principio también vendían pizzas, buscando qué pegaba más entre los vecinos confinados.
En ese momento, dicen, fueron pioneros. En Cipolletti, el concepto de hamburguesa como hoy se lo entiende — con una vuelta de rosca— prácticamente no existía. El nombre tampoco fue casualidad. Necesitaban algo que impacte, que pegue y que les permita ir viendo qué productos podían incluirse en la carta y eso también demandaba formar su identidad comercial. Optaron por Street Food (comida callejera'). Eso fue el puntapié para resolver y ponerle a las hamburguesas nombres calles argentinas y de calles norteamericanas, mechados.
Isaac reaslta que en ese momento, no tenían- aún- proveedores especializados en insumos para hamburgueserías. Papas fritas, de hecho, no vendían ya que no tenían espacio para sumar una freidora y, aunque los clientes las pedían "todos los días", las incorporaron dos años después.
La producción era familiar: el papá, la madrastra, un primo, un hermano y él, que por entonces cursaba la carrera de Medicina y hoy es médico residente. En ese momento su rol era parcial: la demanda se movía sobre todo de noche, así que mientras estudiaba le brindaba tiempo a los pedidos que iban llegando.
En un principio, funcionaban más con retiro por la vivienda que con delivery. Recuerda risueño que clientes que escribían extrañados, dudando de si realmente ahí funcionaba algo, con mensajes del estilo "che, ¿es acá? porque está todo oscuro".
Paradójicamente, en medio de una pandemia para ellos terminó siendo uno de los años más positivos para el negocio: Apostar a la comida callejera cuando literalmente nadie podía estar en la calle tuvo, admiten, algo de gesto rebelde. Y esa apuesta funcionó.
La presentación también fue, sin que lo supieran en su momento, una decisión de marca adelantada a su época. La apuesta funcionó tan bien que se volvió, sin querer, una herramienta de marketing: era casi imposible que a alguien le llegara esa caja y no le sacara una foto para etiquetarlos en redes. Hoy, esas cajas —las primeras versiones, ya descontinuadas— son parte de una colección, una especie de pequeño museo casero de los inicios de la marca.
Si la primera etapa tiene el sello de la reinvención familiar, la segunda tiene nombre propio: Carla. Con su incorporación de lleno al proyecto, Street Food entró en una fase de consolidación que se nota, sobre todo, en un detalle que la familia repite como un mantra: el pan.
Desde el comienzo tienen una receta propia de pan, que se fue puliendo con años. Al principio, literalmente, horneaban en el horno de casa y usaban una bandeja de pizza donde entraban cinco panes por tanda. Hoy, con otro tipo de hornos y de infraestructura, producen entre 500 y 600 panes por semana.
Mencionan en ese proceso que, empezaron a medirse con otros. El año pasado viajaron a Buenos Aires a probar las hamburguesas consideradas referencia del país y volvieron con una certeza: estaban al nivel. En este sentido, Carla e Isaac son determinantes a la hora de afirmar: ''Nosotros no hacemos hamburguesas, las creamos''.
Así como creció la marca, Isaac avanzó en sus estudios universitarios. La pregunta obligada es cómo se lleva la medicina con la comida rápida, y su respuesta es firme: lo recomienda.
Dice que en Street Food estuvo en todos los frentes y encuentra un punto en común: así como un médico quiere que su paciente esté bien, en el negocio familiar quieren que cada cliente que pasa por el local salga conforme. Es, dice, la misma lógica de cuidado aplicada a rubros distintos. Es, de algún modo, la síntesis de las dos vocaciones conviviendo en la misma persona: la que cocina y la que después, con delantal blanco, entiende perfectamente por qué ese mismo producto no puede ser la base de una alimentación diaria.
La consolidación tiene, además, un capítulo que amerita el doble click para comprender las semanas que se les viene al grupo: usarán su debut en el ''Confluencia de sabores'' de este fin de semana en Neuquén Capital como espacio de ensayo para la próxima instancia del ''Burguerpalusa 2026'' y al regresar abrirán un nuevo espacio en 9 de julio entre 25 de mayo y Mengelle.
La idea, cuentan, no es simplemente vender más hamburguesas, sino crear lo que llaman un "tercer espacio": si la casa es el primer espacio y el trabajo el segundo, el objetivo es que el local sea ese tercer lugar de encuentro. No quieren que el cliente coma y se vaya: quieren que se quede, que tome un trago, que pase un buen rato.
Hoy Street Food atraviesa una etapa distinta a las dos anteriores: ya no se trata de sobrevivir, sino de ordenar procesos, estandarizar recetas y pensar el negocio con la vista puesta en la expansión por franquicias. A este equipo, que arrancó siendo puramente familiar, se sumó Agustín Monzani, que es a quien vemos sonriente mostrar su hamburguesería en redes sociales.
La clasificación a ''Burgerpalusa'', el certamen de hamburguesas más importantes se hace en Buenos Aires. Este año se inscribieron 125. De esa lista, apenas 24 fueron preseleccionadas. Street Food estuvo entre ellas, algo que sorprendió incluso a la propia familia, que sabía que había emprendimientos intentando entrar a esa preselección desde hacía tres años sin lograrlo.
La instancia presencial tuvo formato de reality de cocina: cinco minutos para preparar tres hamburguesas y presentarlas ante un jurado compuesto por referentes nacionales del rubro, gente que "sabe todo de hamburguesas". Entre los jurados estaba, nada menos, el proveedor de pan de gran parte de las hamburgueserías más reconocidas de este estilo.
De los 24 equipos que llegaron a esa instancia presencial, 8 pasaron de forma directa a la final. Street Food es una de esas ocho. Ahora, competirán el 2 y 3 de octubre en Buenos Aires por el título de mejor hamburguesa del país.
Más allá del resultado final, para la familia ya hay algo ganado: compartir esos dos días con hamburgueserías de todo el país, conocer otras historias parecidas a la propia y, sobre todo, ponerle nombre y cara a un proyecto que empezó en un departamento a oscuras y hoy se mide con lo mejor del rubro a nivel nacional.
Para esa instancia, la familia no quiso llevar cualquier producto: había que ir con algo clásico, pero con un toque atrevido.
Así nació "Ruta 22", un guiño directo a la histórica ruta que unía —y en los hechos sigue uniendo, aunque hoy cambie de nombre— Cipolletti y Neuquén. La base es clásica: lechuga, bacon y pepino, un combo típico americano. Lo atrevido aparece en los detalles: el bacon se baña en una reducción de frambuesa que lo carameliza, dándole un contraste dulce, y para equilibrar ese dulzor se suma una salsa a base de kimchi, con un perfil umami que baja la intensidad y redondea el sabor.
Uno de los detalles que más destacaron los organizadores del certamen fue, justamente, la lechuga: Street Food fue la única propuesta de toda la competencia que incluyó lechuga en su receta, algo que en el ambiente hamburguesero suele evitarse. Ese pequeño gesto, sumado a la frambuesa y al kimchi, terminó de darle identidad propia a la propuesta patagónica en medio de una competencia nacional.
Hay, incluso, una anécdota casi de manifestación previa a todo esto: cuando el dueño de otra reconocida marca de hamburguesas publicó un posteo relacionado con el certamen, Isaac comentó, casi en broma, que el año próximo iban a estar ahí compitiendo. Se inscribieron, y quedaron.
Más allá del resultado de octubre, la familia insiste en un mismo punto cada vez que la charla vuelve al futuro: seguir creciendo en la región. Para ellos, crecer no es solo un objetivo comercial, sino una forma de devolverle algo a la comunidad que los sostuvo desde el primer pedido en la J.M. de Paris. Más locales, dicen, significa más puestos de trabajo, y eso es, en sus palabras, "un ganar-ganar para todos".
La historia de Street Food todavía se está escribiendo, pero ya tiene, para esta familia, todos los ingredientes de una buena receta.