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La criminóloga de Cipolletti que fue seleccionada por el EAAF y ahora busca cómo llegar a Buenos Aires

Marcia Muñoz superó un exigente proceso entre profesionales de todo el país y junta fondos para realizar la formación presencial en octubre.

Cuando Marcia Muñoz era chica, en el patio de la casa de su abuela, en el barrio Don Bosco de Cipolletti, jugaba a ser detective. Tenía una pequeña valijita en la que guardaba una lupa, unas pinzas que habían sido de su abuelo y otros objetos que, en su imaginación, podían servir para investigar. Miraba dibujos de detectives y pasaba horas inventando casos. La valijita todavía la conserva.

Marcia creció con su mamá y con una historia familiar atravesada por el trabajo de las mujeres. Su abuela, Manuela, fue empleada doméstica y también trabajó en el galpón. Su mamá, Marina, siguió ese recorrido laboral y también se dedicó al trabajo en el galpón. Otras mujeres de la familia pasaron por esos mismos trabajos.

Marcia lleva hoy los nombres de las tres generaciones tatuados en el cuerpo: Manuela, Marina y ella. Su padre nunca la reconoció, su madre siempre le abrió su historia, le dijo que el día que necesitara buscarlo, ella la acompañaba pero Marcia no se detuvo ante esa pérdida, “fui criada muy feliz en la casa de mis abuelos y con mi madre”-dice emocionada.

El camino universitario

Antes de llegar a la Criminología estudió Psicología y llegó casi hasta quinto año. Le gustaba la carrera y todavía reconoce herramientas de esa formación que utiliza en su trabajo. Después comenzó Criminología e intentó sostener las dos durante un tiempo, hasta que Psicología empezó a convertirse, según sus palabras, en “un peso”.

La carrera de Criminología tampoco fue un recorrido lineal. Terminó de cursar en 2020, durante la pandemia, y dejó la tesis pendiente. Para entonces ya había empezado a acercarse al trabajo relacionado con las violencias de género y a participar de proyectos vinculados con la universidad pública de Río Negro.

Uno de los momentos que terminó de marcar ese camino ocurrió durante los primeros años de la carrera, cuando una organización estudiantil convocó a Ivana Rosales para hablar sobre violencia de género. En esa actividad presentó su documental Ella se lo buscó. Marcia fue por interés y porque acompañaba las propuestas vinculadas con derechos humanos. Escuchó la charla, vio el documental y salió de allí con una idea que después se convertiría en una forma de entender su profesión: estudiar, leer y formarse era necesario, pero no alcanzaba. Había que intervenir sobre la realidad.

“Está perfecto estudiar y está perfecto leer y formarse, pero hay que hacer”, recuerda.

Involucrarse contra la violencia de género

A partir de entonces comenzó a involucrarse en proyectos relacionados con las violencias de género. Durante varios años formó parte del Mapa Interactivo de Acoso y Abuso de Cipolletti y fue construyendo una trayectoria que combinó formación académica, investigación y trabajo territorial.

Su primera tesis iba a estar dedicada al Primer Triple Femicidio de Cipolletti. Comenzó a buscar fuentes y a realizar entrevistas, entre ellas una con Ofelia Villar, madre de una de las víctimas, pero el tema empezó a afectarla de tal manera que cada vez que se sentaba a escribir terminaba llorando. La investigación quedó suspendida.

Después encontró otra forma de abordar esas violencias. Cambió el tema y trabajó sobre violencia contra mujeres cis en el espacio público y las respuestas institucionales. Utilizó información del Mapa Interactivo de Acoso y Abuso, entrevistas y testimonios. Así pudo terminar la tesis y recibirse de licenciada en Criminología.

El juicio por Agustina Fernández

El vínculo con ese campo volvió a profundizarse durante el juicio de Agustina Fernández. Para entonces Marcia había tomado cierta distancia del trabajo relacionado con la criminología y se encontraba desarrollando actividades de manera independiente. Una amiga vinculada con la investigación del caso asistía a las audiencias y ella quiso estar allí.

No fue sencillo entrar a la sala. Después de distintas gestiones consiguió autorización y pudo asistir. Quería observar directamente el desarrollo de las audiencias y la evidencia que se presentaba durante el juicio. Estar allí volvió a ponerla frente a una práctica profesional de la que se había alejado y le produjo una certeza que después pudo resumir en una frase: “Yo tengo que estar acá”.

A partir de ese momento profundizó nuevamente su formación. Realizó una capacitación de ONU Mujeres sobre investigación de femicidios, integra el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven y este año se incorporó a la Asociación Civil de Licenciados de Criminología de Rio Negro y Neuquén, creada para difundir el trabajo profesional de quienes ejercen la criminología y diferenciarlo de la criminalística.

En paralelo sostiene su trabajo independiente. A través de Mujeres en Carrera realiza tutorías para estudiantes de distintos niveles, acompañamiento de tesis y mentorías destinadas especialmente a mujeres profesionales que necesitan encontrar la manera de llevar su formación a ámbitos concretos de trabajo. Además, trabaja como empleada de comercio en Cipolletti.

En ese recorrido apareció una convocatoria que Marcia venía siguiendo desde hacía años.

En 2021 había visto una formación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) vinculada con la investigación de femicidios, pero aquella edición era virtual. Volvió a buscarla en los años siguientes y no encontró una nueva oportunidad. Hasta que este año una amiga le mandó la convocatoria y le dijo que se postulara.

Marcia dudó. Sabía que había profesionales con trayectorias importantes y le costaba pensar cómo podía demostrar todo lo que había hecho durante años dentro de un formulario de Google.

“¿Cómo demostrás vos tu recorrido en un formulario de Google?”, se preguntaba.

En julio se postuló.

Hace unos días recibió el correo que estaba esperando: había sido seleccionada entre 12 profesionales para participar de la formación presencial del EAAF sobre investigación de femicidios. La capacitación se realizará en Buenos Aires entre el 26 y el 30 de octubre. La selección significó también encontrarse con una dificultad concreta. Para poder participar necesita reunir alrededor de 1.800.000 pesos entre el costo de la formación y los gastos que implica trasladarse y permanecer en Buenos Aires.

Marcia ya comenzó a buscar alternativas. No quiere dejar pasar la oportunidad.

“Necesito hacerlo. Necesito juntar esa plata”, dice.

La formación llega después de años de estudio, recalca orgullosamente que estudio en la Universidad Nacional de Rio Negro, de trabajo en territorio y de una búsqueda profesional que empezó, de alguna manera, con aquella valijita de detective que todavía guarda en su casa del barrio Don Bosco.

Esta vez no se trata de jugar a investigar. Se trata de seguir formándose en una disciplina que eligió después de haber recorrido otros caminos y que volvió a encontrar, años más tarde, frente a una sala de audiencias.

Ahora necesita llegar a Buenos Aires.