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Huellas del pasado cipoleño: don Atilio Morosin

Recorremos la historia de dos de sus magníficas obras en Cipolletti, en las que el escultor plasmó el sentir de su población.

El recorrido por las calles de la ciudad de Cipolletti y la posibilidad de avizorar monumentos, plazas, plazoletas, nombres de calles, entre tantos otros testigos del pasado, nos hace revivir en retrospectiva aquellas épocas, que no son tan lejanas (fines del siglo XIX; siglo XX).

Ya en el mismo cruce del puente que une las provincias de Neuquén con Río Negro todo es historia: los puentes nos hablan, entre otras cosas, de ese ferrocarril portador de inmigrantes que vinieron a trabajar estas tierras.

Hoy queremos contar la historia de otros monumentos del escultor Don Atilio Morosin que supieron plasmar el sentir de la población de Cipolletti.

Monumento a la Madre. Se encuentra en la intersección de Alem con España. Según el relato de Don Morosin, en esta obra trató de captar algo de las primeras madres que vinieron a luchar y colonizar la zona. Había escuchado el relato de una inmigrante Doña Petra de Ramos que había relatado sobre su arribo a la ciudad de la Norpatagonia un día de un viento fuerte que arrasaba, polvo y arena gruesa que lastimaban su cara y manos. Realizó la figura caminando contra el viento cubierta por un mantón y llevando en brazos a uno de sus hijos.

La Plazoleta “Doña Petra de Ramos” está ubicada en la intersección de las avenidas Fernández Oro y Mengelle y las vías del ferrocarril. Doña Petra inspiró al escultor Morosin ya que perteneció al conjunto de hombres y mujeres que poblaron estas tierras. En ella está representado el sentir de la experiencia de los inmigrantes al partir de su tierra natal, el desarraigo. Historia que hace unos meses publicamos a través del relato de uno de sus nietos.

Luis Ramos y Petra Hernández eran vecinos desde niños en su Uleila del Campo natal, una aldea de Andalucía, al norte de la provincia de Almería, España.

Petra y Luis se habían casado a principios de 1900 y luego de nacer sus hijas mayores Francisca y Natividad, Luis vino a Argentina en 1910 acompañado de su suegro Juan Hernández, a trabajar en la construcción del dique Ballester. En 1913 hizo venir a Petra y sus dos hijas.

Doña Petra al arribo a la Argentina.jpg

Petra e hijas llegaron al puerto de Buenos Aires, un 12 de octubre de 1913, a bordo del barco Infanta Isabel. Se alojaron en el viejo Hotel de los Inmigrantes y por la tarde subieron y viajaron en tren muchas horas para arribar a estas tierras. De la estación ferroviaria fueron caminando hasta las oficinas de administración de las obras del dique. En ese lugar la Abuela Petra se reencontró con su padre Juan.

Desde allí fueron trasladados en zorras ferroviarias hasta Puente Colorado punta de riel, a un kilómetro de lo que es hoy Contralmirante Cordero y luego fueron caminando a las obras del Dique. Luis y Petra tuvieron 10 hijos, 7 mujeres, 3 varones (Quica, Naty, Encarna, Juan, María Luisa, Petra, Lucho, Ema, Pepe y Lita) y 29 nietos. Además, criaron a cuatro hermanitos, huérfanos de unos primos del abuelo Luis que vivían en Colonia La Picasa (Cinco Saltos). Al casarse sus hijas e hijos y nietos se emparentaron con otros inmigrantes como las familias Santarelli, Polla, Rolo, Cia, Gazzola, Neira, Chiacchiarini, etc.

En reconocimiento a su labor comunitaria el Municipio de Cipolletti la distinguió en 1991 colocándole nombre a la plazoleta que mencionamos anteriormente.

Las obras de arte son una de las tantas formas que los humanos tenemos de plasmar historias y de eternizarlas en el tiempo. Como son las obras de Morosin para la ciudad de Cipolletti y el Valle.