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El garage cipoleño que se viste de feria tres días por mes

Funciona en Mengelle 425 y aunque no abren en forma continua, tienen cada vez más éxito. Ofrecen ropa, calzados, juguetes, accesorios del hogar y mil curiosidades a precios accesibles.

Tres días por mes un garage de Mengelle 425 abre sus puertas convertido en una colorida feria donde se pueden adquirir productos domésticos de segunda mano, pero en estado impecable. El emprendimiento se inició hace unos tres años y se convirtió en un clásico para aquellos que buscan precio, calidad y novedades.

“Nosotros buscamos mantener como principio las tres B: bueno, bonito y barato”, destaca Janette, inspiradora del local junto a su esposo.

Por una norma municipal no pueden atender todos los días, por eso lo hacen solo entre el 10 y el 16 de cada mes. Pero esa intermitencia no perjudica el ritmo del negocio, sino que despierta más expectativa que se ve traducida en la cada vez mayor clientela.

Janette es una artesana con inclinación artística y habilidad manual. Confecciona piezas con la técnica del “falso vitro”, mosaiquismo y también interviene y restaura muebles.

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Precisamente la idea de inaugurar el local comercial surgió al advertir que se le habían acumulado sillas y otras piezas y necesitaban espacio. Recordó que al principio el salón pareció un tanto frío, porque es un garage y cumplía solo esa misión. Pero de todos modos esa primera experiencia fue todo un éxito de ventas, por lo que la volvieron a repetir con la misma periodicidad una y otra vez desde entonces y con resultados alentadores.

Con el correr de los meses le agregaron estantes y repisas para exponer mejor la oferta, que fueron enriqueciendo con prendas de vestir, calzados, libros e infinidad de curiosidades que adquieren mayormente por lote por internet.

Así se pueden conseguir objetos llamativos, como utensilios de cocina, accesorios de indumentaria y una gama sorprendente de juguetes de otra época que son difíciles de encontrar en el mercado tradicional.

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“Nuestra idea es siempre mantener los precios bajos para que haya circulación. Es una cadena en la que ganamos todos”, recalcó la vecina.

Lo que más se busca es ropa que la misma gente lleva para poner en venta. Reciben bolsones con determinadas prendas ya acordadas, que tras un meticuloso proceso de selección, lavado y reparación si hace falta la ponen en oferta. Hay una habitación repleta con prendas de los más disímiles estilos y diferentes edades, muchas que se usaron en otro tiempo, pero de buena calidad, lo que despierta el interés para volver a lucirlas.

La apertura de la feria se anticipa días antes por redes sociales. En Facebook aparecen como La Hormiguita Hippie, pero también tienen un grupo de whatsapp donde se mantienen comunicados.

Pero es evidente cuando tienen abierto porque la vereda aparece con banderines multicolores y otros adornos, mientras la pareja de Janette parado en la puerta como un portero de hotel enciende la mecha de la curiosidad describiendo en pocas palabras la variopinta gama de propuestas que podrá encontrar en el interior.

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Símbolo de la crisis económica

Janette destacó que la clientela se ha ampliado notablemente en los últimos meses y que para muchos el gancho es la ropa. Chicos y grandes pueden salir vestidos “de pies a cabeza” porque se encuentran múltiples alternativas y a bajos precios.

Pero no solo van clientes a comprar, sino que también ofrecen prendas para poner en venta, todo un símbolo de la crisis económica que se está padeciendo. Notan, en este sentido, que la necesidad de dinero no es privativa de gente de bajos recursos, sino que concurren de niveles sociales variados, pero que por distintas circunstancias les flaquea la economía y requieren sumar ingresos extras.

Es en este tipo de emprendimientos donde se advierten las necesidades. Pero es también una alternativa para darse una mano unos a otros.