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Un estudio en 38 países muestra que los ACV aumentan en personas de 15 a 49 años, sobre todo en mujeres. La alerta es clara: hay que detectar y controlar los factores de riesgo, advierte la especialista Miriam Vicente. La acción urgente: trabajar en prevención.
Durante mucho tiempo, el accidente cerebrovascular (ACV) –ese problema de salud que ocurre cuando el cerebro deja de recibir suficiente sangre– se consideró una enfermedad de adultos mayores. Algo que pasaba, quizás, a los abuelos. Pero las cosas están cambiando. Hoy, el ACV golpea cada vez más a personas jóvenes, incluso desde los 30 o 40 años, y en especial a mujeres. Así lo confirma un nuevo y amplio estudio publicado en The Lancet, que analizó los datos de 38 países del continente americano durante los últimos 30 años.
La investigación encontró que, aunque en general los casos de ACV han bajado desde 1990 gracias a mejores controles de salud, desde 2015 esta tendencia se frenó. Y peor aún: en las personas jóvenes, los ACV están aumentando. Es como si hubiéramos aflojado un poco la guardia, creyendo que solo era un problema de los más grandes, pero el ACV se está colando en edades donde no lo esperábamos.
Hoy, se estima que entre el 10% y el 15% de los ACV afectan a menores de 50 años. Y los especialistas en salud están cada vez más preocupados, porque los factores de riesgo que disparan el ACV –como la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto o el tabaquismo– son cada vez más comunes en jóvenes.
Los investigadores coinciden en que esto no es casualidad. Por un lado, es cierto que ahora tenemos mejores tecnologías para detectar un ACV, como tomografías o resonancias, y eso ayuda a que se diagnostiquen más casos. Pero hay otro lado más preocupante: la salud cardiovascular de los jóvenes está empeorando.
Factores como la mala alimentación, el sedentarismo, el estrés y el consumo de tabaco, alcohol o drogas recreativas están dejando su huella más temprano. Y lo que antes se veía en personas de 60 o 70 años, como la presión alta o el azúcar elevado en sangre, hoy aparece en gente de 30 o 40.
Otro dato clave es el impacto de la pandemia de COVID-19. Se sabe que el virus puede aumentar el riesgo de ACV porque afecta la circulación y favorece la formación de coágulos. Y durante los años más duros de la pandemia, muchas personas dejaron de hacerse los controles médicos habituales, lo que pudo empeorar la situación.
Además, la contaminación del aire y el estrés crónico son factores que también suman riesgo, sobre todo en las ciudades grandes, donde estas condiciones son parte del día a día.
La buena noticia es que el ACV es, en gran parte, prevenible. Los expertos insisten en que no hay que esperar a ser “grande” para cuidar la salud del corazón y del cerebro. Desde jóvenes, es clave:
Y, sobre todo, reconocer los síntomas del ACV y actuar rápido. Si de repente alguien siente dificultad para hablar, pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, o desviación en la cara, no importa la edad que tenga: hay que llamar urgente a emergencias. Cada minuto cuenta para salvar el cerebro.
El aumento de los ACV en jóvenes es una señal de alarma. Significa más personas en plena etapa productiva que pueden quedar con secuelas, perder calidad de vida o, en los peores casos, morir por una causa que se puede prevenir. Como sociedad, necesitamos tomar conciencia de que la salud cerebrovascular nos toca a todos, sin importar cuántos años tengamos.
Volver a poner el foco en la prevención, en los controles médicos regulares y en llevar una vida más saludable es una inversión para el futuro. Porque cuidar el cerebro no es solo cuestión de edad: es cuestión de estar atentos, de querer vivir bien y de no dejar pasar las señales.
Por Dra Miriam Vicente. Neurocirujana Neurointervencionista (MP 5591)