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Va “siempre para adelante”, como ella misma lo dice. Arriba del camión municipal o debajo del regador, Angelina Esther Lizama no se detiene.
Es la valiente y valiosa mujer a la que algunos vecinos “me aplauden o levantan el pulgar” cuando pasa con el vehículo de gran porte; la que en verano les arranca una sonrisa a los niños de los barrios humildes que “me gritan que haga sonar la bocina y me piden por favor que no reduzca el agua así se mojan”.
“Verles esa carita, así de felices es algo muy lindo para mí”, confiesa esta luchadora que empezó desde muy abajo y que, en un ejemplo de superación y hasta de igualdad, se ganó un lugar y el máximo respeto en un rol históricamente reservado para hombres, en un ambiente netamente machista.
“El hombre tiene su capacidad y la mujer también. No es que pretenda compararme con ellos, sino que en la medida en que nos brinden las oportunidades, podemos demostrar que estamos a la altura”, explica Angelina antes de comenzar su turno en un día ventoso, de esos en que por la polvareda que se levanta su tarea resulta indispensable.
Hizo de todo a puro sudor
Incansable, esta trabajadora posee una extensa experiencia laboral en rubros de los más esforzados. “Empecé a trabajar a los 15, cuidando chicos. Luego junté manzanas del suelo en una chacra cerca de la ruta 22. A los 18 fui canillita del diario La Mañana del Sur (actual LMN y LMC). Recuerdo que no tenía parada ni puesto fijo allá en Neuquén pero caminaba las calles, me metía a los negocios, le ofrecía el diario a la gente que me cruzaba”, resume sus multifacéticos comienzos en medio de la sesión de fotos que se realiza en el Parque Central de la vecina ciudad.
“Hice recolección de uvas en tiempos de cosecha hasta que finalmente y por suerte entré a la Municipalidad, con el barrido de calles primero, luego como maestranza, después trabajé en la perrera municipal y hasta en el cementerio. Colaboré en la parte de cultura, con la logística y de vez en cuando conectaba algún sonido. Pagué el derecho de piso como se dice habitualmente y un día, con total atrevimiento, pedí si me podían subir al camión regador y ahí me dieron la oportunidad así que muy agradecida estoy. Gracias a la Muni pude criar a mis dos hermosos hijos”, celebra llena de gratitud.
“Nada es fácil, pero hay que saber esperar”, reflexiona feliz con esta chance inédita quien anteayer cumplió 44.
Cómo es manejar el camión
Lejos de ser una improvisada al volante, aclara que “manejo desde chica, a los 12 años ya mi papá me prestaba su Peugeot 504, con 15 ó 16 me subía a un Torino y siempre así. Oro, con sus calles tranquilas, se presta para aprender a manejar pronto. Hermosos recuerdos”.
Acepta, de todos modos, que no es lo mismo conducir un auto convencional que semejante máquina. “Es difícil más que nada verlo desde abajo, cuando estás arriba tenés otra perspectiva. Hay un montón de botones pero te adaptás enseguida. Para maniobrar es un poco más complejo, es cierto, aunque como todo en este mundo, es cuestión de animarse”, afirma con convicción.
Destaca a sus compañeros por la aceptación e integración a pesar de no resultar usual la presencia femenina en esa misión que lleva a cabo hace 5 años. “Mis compañeros me ayudaron muchísimo, iban de acompañante mío al principio. Así que me sentí respaldada desde siempre y me adapté sin problemas como a cualquier otro trabajo”, amplía con las palabras justas y necesarias.
A veces madruga, cuando le toca el primer turno de 6 a 13 y en otras ocasiones termina casi a la hora de la cena, las jornadas en que le “lava la cara” a las calles, asfaltadas y de tierra, de 13 a 20.
El sueño de terminar el secundario
Se siente valorada laboralmente como nunca antes. Está feliz también con el crecimiento de sus hijos. Ahora, la cuenta pendiente para Lizama es “terminar el secundario, me quedan solo 2 años y tuve que interrumpirlo así que espero retomar pronto”, comenta ilusionada.
En el Miguel González Murúa, más conocido como el Colegio 14, la esperan con los brazos abiertos. Ella, mejor que nadie, sabe que nunca es tarde y siempre hay oportunidades para quien no baja los brazos y las persigue.
Angelina sabe manejarse. En el camión y en la vida. Nada ni nadie la frena. Un ejemplo, un espejo al cuál mirar para aquellas y aquellos que en algún momento adverso creen que no se puede. ¡ Y Angelina va..!