Se hizo esperar, pero un día llegó. El otoño -bien conocido por sus paisajes teñidos de amarillo y árboles al desnudo- ya se hace sentir en la ciudad y los cipoleños decidieron no desaprovecharlo.
Están quienes salen a realizar su rutina de ejercicios diaria, los que prefieren simplemente caminar para desconectarse de la vida cotidiana y los que eligen jugar al aire libre, porque quizá durante el invierno el frío intenso no lo permita.
Sin importar la actividad, niños, abuelos y adultos salieron a las calles para disfrutar de las ideales temperaturas templadas y llenar cada rincón de la ciudad con nuevos recuerdos.