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Un tumor ginecológico frecuente y peligroso que se diagnostica tarde: cuáles son sus síntomas

Hay más de 2.000 casos nuevos por año en Argentina y advierten que sus síntomas suelen confundirse con otras patologías. Cómo estar alertas y prevenir.

Una creciente hinchazón abdominal. Dolor o molestia en la zona pélvica, pérdida de peso y una sensación de saciedad incluso después de haber comido en poca cantidad. Todos estos síntomas, muchas veces asociados a problemas digestivos o estomacales, pueden ser también una señal de alerta del cáncer de ovario. Se trata de un tumor frecuente que tiene tratamiento, pero que suele ser detectado tarde, justamente porque sus manifestaciones son poco específicas y se minimizan o confunden con otras patologías.

“El cáncer de ovario es una formación anormal de células tumorales que se originan en las células de la superficie del ovario y/o trompas de Falopio. A nivel mundial, al igual que en nuestro país donde hay más de 2.000 casos nuevos por año, ocupa el 8° lugar en incidencia. En la Argentina se ubica sexto en mortalidad, con 1.400 muertes por año. Es la segunda causa de muerte por cáncer ginecológico, después del cáncer de cuello uterino ”, explicó Ana Laura Mendaña (MN 135188), oncóloga clínica. Se estima que una de cada 70/80 mujeres padecerá esta enfermedad a lo largo de la vida.

La experta advirtió que más del 70% de los casos se diagnostica en estadios III y IV como consecuencia de que los síntomas son inespecíficos, solapados y similares a los de otras patologías más cotidianas. “A pesar de haberse realizado múltiples estudios, no fue posible identificar aún un método de diagnóstico precoz eficaz que permita detectarlo en estadios más tempranos. La importancia de esto radica en que cuanto más inicial es el tumor al momento del diagnóstico, mayores son las tasas de curación”, destaca. En general se estima que el 90% de los casos son curables en el estadio I, mientras que en las etapas más avanzadas las perspectivas de cura bajan al 15% o 20%.

El hallazgo tardío, en la práctica, representa que cuando los médicos deben definir una estrategia terapéutica para afrontar el tumor, este ya se encuentra “localmente avanzado”. Es decir, con compromiso fuera del ovario, generalmente en el peritoneo, la membrana que recubre los órganos abdómino-pelvianos.

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“Lamentablemente las estrategias para tamizaje de población y detección precoz del cáncer de ovario no tienen la suficiente sensibilidad y especificidad como para generar un impacto favorable en la sobrevida. La utilización de ecografía y marcadores tumorales no alcanza en un población no seleccionada para garantizar la detección del tumor en estadios iniciales”, señaló el oncólogo Mauro Orlando (MN 72502), subjefe del Área de Tumores Ginecológicos del Instituto Alexander Fleming (IAF).

Las estrategias de prevención hoy se focalizan en un reducido grupo de mujeres con alteraciones genéticas, que son específicamente mutaciones del gen BRCA. “En estos casos, una salpingooforectomía profiláctica (extirpación de ovarios y trompas) permite una significativa reducción del riesgo de desarrollar el cáncer de ovario y está indicada entre los 30 y 45 años, dependiendo del gen involucrado. El uso de anticonceptivos puede ser otra maniobra reductora de riesgo en estas mujeres”, detalló el especialista.

Los controles de rutina y los factores de riesgo

Ante este escenario, los especialistas encuentran un potencial para elevar las detecciones en los chequeos anuales que cada mujer lleva adelante con su médico de cabecera. “Durante los controles ginecológicos de rutina se puede incorporar la realización de una ecografía transvaginal cuando el profesional lo considere oportuno y en las pacientes con antecedentes familiares o alteraciones genéticas predisponentes que no hayan optado por una cirugía preventiva se recomienda realizar con mayor frecuencia estos estudios de vigilancia”, explicó.

A pesar de que los síntomas sean inespecíficos, es importante presentar atención si se presentan distensiones abdominales, dolores pélvicos o trastornos evacuatorios recurrentes.

Entre los factores de riesgo más importantes están los antecedentes hereditarios de cáncer de ovario y/o mama en la familia o haber tenido previamente cáncer de mama. Ante esas situaciones es importante consultar con un genetista o su propio oncólogo para ver si es necesario llevar a cabo un test genético y si resulta positivo (es decir que tiene la mutación) acceder a cirugías reductoras de riesgo”, detalló el oncólogo clínico Gonzalo Giornelli (MN 95788).

Avances en los tratamientos

En los últimos años hubo avances en el conocimiento del cáncer de ovario y estos conocimientos impulsaron nuevas terapias. “El desarrollo de fármacos para evitar que el tumor vuelva después del tratamiento primario ha sido un gran avance. Estas terapias de mantenimiento por vía oral no sólo han logrado curar un mayor número de pacientes, sino que permiten demorar significativamente las recaídas. También se están desarrollando fármacos que permiten entregar la quimioterapia en forma ‘más específica’ al tumor, en pacientes con enfermedad avanzada con respuestas más rápidas y duraderas, como por ejemplo los anticuerpos conjugados a drogas”, destacó el especialista.

A esto se suman que se han logrado establecer mejores secuencias de utilización de cirugías y tratamientos medicamentosos para conseguir mejores resultados y mejor calidad de vida, destacaron finalmente.