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La producción de cerveza artesanal en Cipolletti enfrenta un momento de creciente expectativa. En todos los sectores hay incertidumbre por lo que pueda ocurrir en el futuro y por los altos costos que, por la inflación y el valor del dólar, deben enfrentar. Ahora bien, las firmas que producen mayores volúmenes y tienen más espaldas están en mejores condiciones de sacar provecho de la mayor demanda veraniega, mientras que las más pequeñas siguen enfrentando dificultades para salir adelante.
En realidad, ni entre los mismos productores hay coincidencia plena sobre el momento que se está transitando. Así, Federico Franke, de la fábrica local Kalevala, destacó que el consumo ha aumentado mucho en la temporada y que la recuperación arrancó allá por octubre-noviembre del año pasado, luego del enorme bajón que se produjo en el período en que las restricciones por la pandemia eran muy severas.
Expresó su esperanza de que el actual buen momento de la demanda se extienda por lo menos hasta marzo o abril, puesto que así mejorarían las condiciones para enfrentar un resto del año que todavía luce incierto en cuanto al funcionamiento de la economía y de las variables que más impactan entre los emprendedores.
Con el mayor nivel de ventas, ha mejorado también el margen de ganancias, que sigue siendo, sin embargo, acotado. Los precios de los principales insumos, como la levadura, la malta y el lúpulo están dolarizados, por más que se trate de bienes que se producen en la Argentina. Así las cosas, los fabricantes tienen que revisar periódicamente la incidencia del dólar y evaluar si les conviene o no aplicar un aumento.
"Con lo que ganamos, estamos al día, pero no podemos, por ejemplo, adquirir nuevos equipamientos para renovar y seguir invirtiendo", explicó Franke, quien puso de relieve, pese a todo, los esfuerzos que se hacen para mantener la alta calidad de la cerveza artesanal de Cipolletti y la región, reconocida nacional e internacionalmente. Además, resaltó la voluntad de mantener los productos a precios asequibles, ya que un litro, para ser bien rentable, debería valer 4 dólares, es decir, casi 350 pesos, y sin embargo, acá no se la comercializa a más de 200 pesos.
Por su parte, el productor cipoleño Víctor Viñuela, quien tiene su fábrica Rostock en Cinco Saltos, expresó su desazón por el hecho de que la demanda no está resultando lo que se esperaba para el verano. En su caso, se trata de un emprendimiento pequeño, bastante menor que el de Kalevala, y por eso está sufriendo con más fuerza los rigores de la dolarización y también de los elevados costos fijos de su actividad.
En su visión, el nivel de consumo no sería para nada el esperado y, además, este factor estaría agravado por la cada vez mayor competencia que plantean las cervezas industriales, que han ampliado su variedad de estilos y, por consiguiente, su capacidad de llegar a un espectro más amplio de consumidores. También complica el panorama la irrupción de fábricas artesanales consideradas grandes de otros puntos del país, como Buenos Aires, que tienen más posibilidad de copar el mercado.
Consideró que el Estado nacional debería tomar definiciones políticas profundas en favor de la pequeña y mediana empresa y que, igualmente, la provincia y los municipios tendrían que actuar mejor para proteger la iniciativa particular. Para Viñuela, el presente y, sobre todo el futuro, se presenta con "bastante incertidumbre", aunque en lo inmediato la seguirá remando con ganas, aunque en volúmenes de producción menores a los que hubiese deseado.