Celedonio Cancio nació en 1886 en Fonsagrada, en la provincia gallega de Lugo: era hijo de Faustino Cancio y de Teresa Castro. Tenía ocho hermanos y, debido a grandes dificultades económicas, tomó la decisión de viajar a la Argentina buscando mejores horizontes. Con dieciséis años partió de España y de allí a Colonia Lucinda, donde fue empleado de don Miguel Muñoz, aquel pionero dueño de un almacén de ramos generales y transporte de mercaderías que viajaba a Chos Malal llevando mercaderías en carreta por un camino que no se alejaba demasiado de la costa norte del Río Neuquén.
En 1909, se estableció en Cipolletti y dejó de realizar esos viajes. Manuela Loureiro había llegado al país en 1903 para trabajar con la familia Padin. Manuela había nacido en la Provincia de la Coruña también a finales del Siglo XIX, hija de Francisco Loureiro y Antonia Ríos Fraga. Uno de sus nietos, el que nos proporcionara la riqueza de este relato, recordó que su abuelo Celedonio contaba que Colonia Lucinda tenía solo cuatro o cinco casas de material: el resto eran ranchos de adobe.
En ese tiempo se conocieron Celedonio y Manuela y se casaron en 1910: se fueron a vivir a Barda del Medio, donde ya estaban asentados dos hermanos que Celedonio había mandado llamar desde España, y para cuyo viaje aportó dinero. En total fueron siete los hermanos que emigraron para nuestro país. Allá, en España y bajo la tutela de familiares, quedaron dos.
En Contralmirante Cordero nació su primer hijo, Faustino Cancio, el primero de los siete hijos que tuvieron. Sus otros hijos fueron Elvira, Ernesto, Guillermo, Josefa, Daniel y Celso. De regreso a Cipolletti, en 1912, construyeron su primera casa. Fueron dueños de un negocio llamado La Fonda Obrera, que era un galpón cerca de la esquina de España y Fernández Oro, frente a lo que fue el negocio de Elosegui. Se la conocía como “la fonda de chapa”.
Trabajaron hasta 1915 y con los ahorros obtenidos logran comprar una chacra en el Paraje del 88, Cinco Saltos, cerca de Contralmirante Cordero, donde nacieron los hijos Guillermo, Josefa, Daniel y Celso.
En Cinco Saltos sus hijos mayores, Faustino y Elvira, figuran en el libro histórico de la Escuela Nº 39 como sus dos primeros alumnos.
En 1926 vendieron su chacra de Cinco Saltos y compraron en la Falda, un predio de alrededor de siete hectáreas, hoy transformado en un populoso barrio. Allí, con mucho sacrificio y tesón, limpiaron y emparejaron para luego sembrar alfalfa. Construyeron la casa familiar y en 1928 consiguieron plantar con viñas, peras y manzanas la mayoría de las hectáreas, aunque en un cuarto de hectárea, bien cercada para que no entren los animales, se encontraba la quinta familiar. Además del aprovechamiento que hacía sembrando entre las filas de los pequeños árboles frutales, optimizó al máximo el espacio cultivable, la alfalfa para los animales, el maíz, los zapallos, como así los melones y sandias.
Alrededor de la casa y poco a poco fue agregándole varios pequeños galpones, casi todos de adobe, donde hacían las veces de despensa, de herrería con su fragua y el espacio donde estaba la balanza, la pieza de los peones, muy cerca de la casa principal la moledora de uva, y la prensa para hacer el vino casero. En un tinglado se guardaban las pocas maquinarias que se iban adquiriendo, el gallinero y los corrales.
Celedonio y Manuela formaron una familia muy unida, solidaria principalmente con sus compatriotas gallegos que iban llegando a la localidad cipoleña.
Los hijos
Faustino nació el 15/03/1911: se casó con Felicidad Álvarez y tuvieron 6 hijos.
Elvira (17/09/1913) se casó con Amadeo Marinelli y de ese matrimonio nacieron 4 hijos.
Ernesto (14/03/1915) se casó en primeras nupcias con Francisca Pellegrina, que falleció al nacer su hija, razón por la que fue criada por los abuelos paternos. Más adelante se volvió a casar con Sabina Figueroa y tuvieron tres hijos.
Guillermo, (06/03/1916) el cuarto hijo, se quedó soltero, se jubiló en la Cooperativa Cipoleño, fundada entre otros por su padre.
Josefa(06/02/1918) se casó con Armando Andriani de cuyo matrimonio nacieron 2 hijos.
Daniel (03/04/1920), el sexto hijo, contrajo nupcias con Inés Hernández: tuvieron 3 hijos.
Celso (17/12/22) se casó con Rosa León y tuvieron seis hijos.
El 17 de noviembre de 1959 falleció Manuela, mientras que Celedonio dejó de existir ocho años después, el 15 de mayo de 1967.
El abuelo Celedonio era un agradecido de todo lo recibido en esta tierra, a la que se brindó para mejorarla. Sostenía que Cipolletti era un jardín, al que le debía, entre tantas otras cosas, la hermosa familia que pudo constituir.
El hijo mayor, Faustino, con uno de sus cuñados, esposo de Elvira, puso una empresa de camiones para transporte de frutas y más adelante de combustible. Cancio y Marinelli se dedicaron al cuidado de sus chacras. Ernesto trabajó como encargado de un galpón de empaque. Daniel fue encargado, por mucho tiempo, de una chacra de 14 hectáreas en lo que hoy es un populoso barrio de Cipolletti. Celso, el menor de los hijos, fue el que tuvo a su cargo, hasta su venta, el cuidado y trabajo de la chacra familiar.
El marido de Josefa, Armando Andriani, se dedicaba a calcular la producción posible de cajones de manzanas, montes frutales de la AFD, Argentine Fruit Distributors, relacionada también su actividad, con la chacra experimental de Cinco Saltos. Don Andriani caminaba las hectáreas en diagonal, calculaba la cantidad de cajones e informaba al galpón de empaque para que le pudieran adelantar un porcentaje al productor de acuerdo con ese cálculo.
Historias de trabajo fecundo, sin descanso
Uno de los nietos de Celedonio, Daniel Cancio, terminó sus días en Tunuyán siendo Médico Radiólogo.
Hizo sus prácticas médicas como estudiante en la hoy Clínica del Sur, de Cipolletti. Fue presidente del Club de Leones 2011/2012, y coincidentemente su primo Néstor Andriani, dirigía el Rotary Club de Cipolletti. En Tunuyán podemos apreciar el monolito que en su honor levantara el Club de Leones.
Una de las hijas de Faustino Cancio y de Felicidad Álvarez testimonió que su abuelo Celedonio “llegó a Cipolletti en 1908 y trabajó en el almacén de Ramos Generales de Miguel Muñoz. Unos años más tarde abrió una fonda. Trabajaron en la chacra donde criaron a sus hijos. Fue un gran colaborador con la comunidad cipoleña: integró la Primera Comisión de Fomento, la Sociedad Española y otras instituciones. Su abuelo materno, Saturnino Álvarez, desmontó terrenos, campos, chacras con su hermano y cuñado en lo que hoy es el Barrio Las Viñas. Fue uno de los fundadores de la Cooperativa Viñateros Unidos”.
Otro de sus nietos, Néstor Andriani Cancio Loureiro, nos narró su camino a la docencia: “En el último grado de mi primaria la maestra preguntaba que pensábamos seguir estudiando, yo dije: voy a ser maestro. Los compañeros se me rieron y la maestra dibujó una sonrisa: era un pibe del pueblo, algo desordenado, no daba para el prototipo del docente. En tercero del Comercial teníamos que optar por la continuidad en algunas de las tres propuestas para el ciclo superior Bachiller, Perito Mercantil o Maestro. La elección fue por la docencia. Fuimos los primeros egresados del Colegio Manuel Belgrano, de Cipolletti, 1960. Figuramos en la placa oficial”.
Maestro Rural en los primeros dos años, Escuela 50 (1962), 121 de Cipolletti y 40 de Fdez Oro (1963). En 1964, trabajando en el Colegio Brentana, le pidieron que organice la primera escuela primaria provincial en aquel momento: La Nº 21 (hoy 221). “Eran dos salones en la calle Juan XXIII sin ningún mobiliario: solicito ayuda a los salesianos y me prestan por ese primer año tablones y bases realizadas con caños utilizados para conexiones eléctricas que transporté con mis alumnos de cuarto grado (una cuadra y media)”. Éramos el director y 4 maestras: una de ellas, Nélida Mergen, santafesina (de Esperanza) se convirtió en mi novia: nos casamos al año siguiente. En 1966, comienzo a estudiar en la Ex Universidad Provincial del Neuquén el profesorado de Matemática, Física y Química. Me recibo en 1971 y a principio del año siguiente 1972, empiezo mi carrera docente universitaria como ayudante de primera”.
“Eso duró pocos meses, porque se creó la Universidad Nacional del Comahue y allí continué hasta mi jubilación 40 años después. En 1983 me solicitaron desde el Consejo Provincial de Educación de Rio Negro que organizara un nuevo colegio de Enseñanza Media, el Colegio Secundario 15, en Cipolletti: cinco divisiones en salones sin ningún mobiliario. Esta vez me presta los bancos hasta abril de ese año la Facultad de Ciencias de la Educación, donde tenía a mi cargo la cátedra de Didáctica de la Matemática para el nivel medio. Hasta que llegaron el mobiliario desde el Consejo Provincial de Educación, quizás herencia de los ancestros, que no esperaban ayuda, sino que solucionaban sus dificultades sin esperar que lo haga el gobierno”.
Me jubilé en Río Negro en 1991 pero continué en la Universidad del Comahue hasta mis 70 años en 2012 donde terminé como Docente e investigador en el área de la Didáctica de la Matemática”.
Estos son algunos recortes, recuerdos de primos que estudiaron en la Universidad: los demás siguieron en las chacras o actividades dependientes como chacareros, encargados de galpones de empaque, camioneros etc. Grandes fruticultores como sus ancestros
En un cumpleaños del abuelo Celedonio Cancio lo festejamos en un club
de chacareros que hay en Cipolletti, alrededor del año 1964/65
y formamos un equipo de primos, para jugarle a unos chacareros amigos cercano a la chacra en La Falda Cipolletti. Mirando de izquierda a derecha aparecemos
PARADOS: yo Néstor Andriani Cancio, Ángel Cancio (Lito), Osvaldo, Ricardo Durán, casado con Teresa Cancio; Roberto Cancio, un chacarero amigo para completar los 11, Juan Gallucci casado con Francisca Cancio.
EN CUCLILLAS Juan Carlos de Auta y sus dos hijos Casado con Paquita Cancio.
Cholo Marinelli Cancio, Carlos Cancio y Adolfo Cancio. Subrayados los que ya no están con nosotros.
Estas ricas historias de vida pueden sintetizarse en las sabias palabras del cantautor Alberto Cortez: “Realmente cuando los nietos escuchamos la canción El Abuelo, que pinta las experiencias tan semejantes a la que pasaron nuestros dos abuelos y aun hoy, cuando ellos ya no están, nos siguen emocionando.”
El abuelo un día como tantos otros, se marchó de España…El abuelo entonces miró que sus manos un poco más viejas no estaban vacías...
Historia de vida de inmigrantes españoles que partían de su tierra natal y se afincaban sembrando campos, chacras y vida, continuada por sus descendientes. Muchos nietos, bisnietos, tataranietos completan esta prolífica historia familiar: cada uno honra la tarea, el esfuerzo, el trabajo que aquellos pioneros sembraron en este valle y ayudaron a escribir esa historia con su trabajo cotidiano.