Dirigentes de distintos consorcios de riego del Alto Valle aseguran que la institución, igual que los pequeños y medianos productores, está en serio riesgo de desaparecer. Los productores arrastran una crisis de año, por lo que suspendieron las inversiones en tecnología y el pago del canon, algo que afectó a las entidades que deben propiciar el buen estado de la red. Sin embargo, como sus autoridades son chacareros, las sanciones casi no se aplican y se contempla que la del agua es una crisis derivada del problema de fondo, aún sin alternativas serias de solución.
El riego suele comenzar alrededor del 15 de agosto, pero este año las plantas deberán esperar algunas semanas más.
Los consorcios locales dependen cada vez más de la asistencia del Estado, a través del DPA o del gobierno nacional. De hecho, para preparar los canales para la temporada 2015/16, se habían gestionado unos diez millones de pesos comprometidos por ambos gobiernos. Sin embargo, “el Estado iba a aportar 9,5 millones, pero no llegó un peso”, según contó un chacarero cipoleño.
Los productores siguen aguardando los aportes para la poda y vaticinan que gran parte de las plantas no tendrán los cortes correctivos para mejorar la floración.
Hasta las lluvias de esta semana, las recorridas por los canales cipoleños sólo permitían ver bolsas de basura entre los yuyos. La misma imagen que aflorará una vez que escurra el agua caída. Si se abriesen las compuertas del dique, con tantos obstáculos, las acequias podrían desbordarse y sufrir roturas, por lo que los consorcios reclaman un plan de trabajo para garantizar el riego de perales y manzanos antes de que los frutos sufran las consecuencias.