Tres naves cubiertas con capacitad para 150 stands. Baños para feriantes y clientes, incluso personas con discapacidad. Afuera, una enorme playa que promete albergar a 300 vehículos. Un paseo de artesanos con 47 puestos; otro de comidas varias y un escenario artístico sobre una peatonal que conduce al estacionamiento. Todo eso se planea la megaferia que se viene y avanza a paso firme, contra la oposición generalizada de las cámaras de comercio del Alto Valle. Se trata de un predio de 2700 metros cuadrados que alquilan a un privado y que antes era utilizado como depósito de grúas. Se ubica a la vera de la Ruta 22, más precisamente en el kilómetro 1214, frente a la rotonda.
Popularmente se la conoce como La Saladita de Cipolletti, pero sus organizadores quieren desterrar el vocablo y despegarse de los prejuicios que encierra el nombre. Les molesta el sólo hecho de referir a la iniciativa en esos términos porque, según dicen, nada tienen que ver con La Salada de Buenos Aires.
Ellos lo llaman “Paseo de compras de la ciudad” y asocian el proyecto en marcha a una feria regional. Eso sí, con una infraestructura que no tiene parangón en la zona.
Según Ricardo Lucero, uno de los impulsores, los comerciantes que se oponen a la iniciativa y la relacionan con La Salada de Buenos Aires “se equivocan”, y calculó que no serán competencia porque es una propuesta diferente. “Nos ensucian mal y es una lástima porque es toda gente de acá. Los invito a que nos conozcan”, remató.
La primera nave de stands, la más grande, está reservada a verduras y frutas. Allí también se encuentran los baños y la oficina comercial. Le sigue otra sección destinada a productos vinculados con la aromaterapia y la marroquinería, y una tercera que ofrecerá ropa de confección propia y tejidos. “Nada de marca, ni ilegal”, aseguró el organizador.
Esta última nave comunica con la playa de estacionamiento y destina un espacio menor para “precios cuidados” sobre cuatro productos claves en la mesa de cualquier familia: azúcar, yerba, aceite y harina.
“Todo como corresponde y dice la Municipalidad”, afirmó Lucero.
Cada feriante podrá acondicionarlo como guste, de acuerdo al producto que saque a la venta.
“Queremos hacer las cosas bien. La idea es darle una oportunidad a los productores y artesanos que no pueden pagar un alquiler en el centro porque no tienen capacidad de venta para hacerlo”, manifestó.
Trabajos
El avance de obra tiene ahora en la mira a la playa de estacionamiento que está a la intemperie, donde emparejan el terreno con máquinas y realizan tareas de desmalezamiento. “Si necesitan leña vengan a buscar. Estamos hachando, todo a mano”, dijo Lucero.
La megaferia también reserva un espacio al aire libre para un paseo de artesanos con 47 puestos. En el medio se proyecta un escenario que convivirá con una peatonal de comidas varias, revestida de puzolana. “Queremos hacer algo bonito, darle otra cara”, finalizó.
Obras
Qué hay en el predio
Stands
Los puestos ya fueron pintados y son de material. Tienen conexión eléctrica y suministro de gas. Cuentan con matafuegos, salida de emergencia señalizada y cámaras de seguridad.
Accesos
Al lugar se ingresará por Ruta 22 y tendrá dos salidas: una, por el mismo lugar hacia la rotonda, y la otra, hacia la calle Lisandro de la Torre.
Gastronomía
También habrá una feria gastronómica: desde panchos y hamburguesas hasta platos típicos de la cocina regional, chilena, paraguaya y colombiana. Son stands de ladrillo o durlock. “No son carros y están bien hechos como lo pide la Municipalidad”, sostuvo Lucero.
No hay fecha de apertura, pero ya no quedan stands
Aunque sus organizadores no tienen fecha de apertura, la expectativa es arrancar en un mes. Todo dependerá de que el Municipio les dé la habilitación comercial. La Cámara de Comercio advirtió el martes que el permiso llegará a pesar de sus reclamos al Ejecutivo y la promesa del intendente Abel Baratti de vetar la iniciativa.
Mientras tanto, los puestos están reservados de palabra y comienzan a tomar forma. Una vez que estén habilitados para funcionar, se cobrará un alquiler de 1000 pesos a cada feriante y abrirán la puerta al público todos los fines de semana, sin cobrar entrada.
Incluso prevén contratar personal para reforzar la seguridad y la limpieza.
Verduras y frutas, aromaterapia, talabartería, microfusión de vidrios, apicultura, dulces regionales, embutidos, tejidos mapuches, artesanías en alpaca, cuadros, arte francés, trabajos en madera, herrería, arcilla y goma espuma, confección de mates y bombachas gauchas, bijouterie, jugos de frutilla, producción de arándanos y frambuesas forman parte de la larga y nutrida lista de productos que ofrecerá el paseo de compras. Según sus organizadores, nada de ropa de marca, ni usados, ni artículos vinculados a la piratería.
“Esto es fuente de trabajo. Aquí, los microemprendedores tienen posibilidad de vender lo suyo”, advirtieron.
Listas suplentes
El organizador Ricardo Lucero advirtió que el interés es tan fuerte que además de ya tener reservados todos los stands disponibles, manejan listas suplentes. “Es increíble la demanda que hay, pero va a quedar mucha gente afuera”, sostuvo. En una segunda etapa, prevén ampliar la capacidad del complejo.