Cipolletti.- La política, en este caso la rionegrina, suele dar material para reflexiones y polémicas. Como la presencia de personajes o agrupamientos que desde su soberbia se reservan la exclusividad de la representación de una idea, de una propuesta o de un movimiento. Se olvidan que la historia es más amplia y la sociedad más compleja de lo que imaginan. Se desentienden del marco histórico y confunden la foto con la película.
Es común encontrarlos en las estructuras partidarias, especialmente en los pliegues más conservadores, confundidos con una burocracia de funcionamiento que los asimila a cargos gerenciales. Y desde esos espacios tratan de borrar los matices, las diferencias, las ideas potentes, para dejar sólo aquellas que son funcionales a sus fines. Que son los de mantenerse en el poder. Desde, intentan subordinar al resto para que no hagan olas. Porque esa autoridad, creen y afirman, es una sola y para siempre.
La más común de esas operaciones es la confusión entre identidad política e identidad partidaria. Mientras la primera hace referencia a una concepción de la sociedad y el poder, la segunda se limita a una referencia de sellos y aparatos. En algunas oportunidades se superponen; en otras, no.
Por ejemplo, se suele confundir al peronismo con el Partido Justicialista. ¿Es tan así? El mismo Juan Domingo Perón descreía de los partidos políticos y fundamentalmente de su propia creación, el Partido Justicialista, al que prefería minimizar como la expresión electoral de un movimiento mucho más amplio, más abarcador y más difícil de encasillar: el Movimiento Nacional Justicialista.
Un partido político tiene una estructura centralizada verticalmente, por lo que generalmente adopta un esquema de ideas más o menos rígido pero permanente, genera una burocracia para su mantenimiento y para conducirlo se necesita estar en el “territorio”. Un movimiento es una estructura radial, con muchos núcleos de acción independientes que pueden articularse en una estrategia conjunta o no, que se reconocen como partes de un todo más inclusivo por su alineación a un liderazgo, a una idea o ambas cosas.
Es fácil entender por qué Perón se inclinaba por el movimiento: obligado al exilio durante 18 años, la estructura vertical podría haberse autonomizado del líder ausente; el movimiento, por el contrario, implicaba una adhesión emocional más fuerte y la participación de grupos autónomos en competencia multiplicaba el efecto de la conducción.
El mismo Perón se enojaba después con los díscolos que no escuchaban sus “sugerencias” estratégicas porque una cosa era la representación política del momento y otra la conducción más general. Lo concreto es que el peronismo, como fuerza creativa y transformadora, se fue construyendo a partir de esa dicotomía entre verticalismo y movimientismo. Característica que le permitió mantener su vigencia todavía hoy, 40 años después de la muerte de su creador.
Una forma de preguntar es: ¿se puede ser peronista sin estar en el Partido Justicialista? Pero si la formulamos a la inversa sería: ¿Por qué el Partido Justicialista debe tener el monopolio del peronismo? Lo que puede haber es una competencia política por la representación de ese ideario peronista, pero nunca una exclusividad. Esa identidad peronista supera y contiene a la afiliación del Partido Justicialista, nunca a la inversa.
Algo similar ocurre con lo que podríamos llamar el “movimiento kirchnerista”, una fuerza provocativa, renovadora, por momentos ambivalente, y generadora de un proceso político nacional que produjo un cambio ostensible. Este “movimiento K” le dio vigencia y representación política a una cantidad de ideas que se mantenían en distintos espacios políticos, sindicales, sociales y académicos del país. Y como buen movimiento, fue adecuándose políticamente a las circunstancias de cada momento. Supo jugar con la Transversalidad; más tarde se enamoró de la idea de una Convergencia; estructuró espacios frentistas en los que varió entre una generosidad sin límites a una disputa visceral; se refugió en el Partido Justicialista. En lo que hace a una disputa de representaciones políticas, el kirchnerismo se va adaptando a la necesidad de mantener la cuota de poder necesaria para continuar con su programa de gobierno y de un liderazgo. Pero en lo que hace a las identidades políticas, el kirchnerismo es más amplio que el Justicialismo y su nombre de fantasía para las elecciones, el Frente para la Victoria. Se puede ser kirchnerista y estar fuera del Frente para la Victoria. Se puede defender los alcances y las conquistas realizadas por el gobierno de Néstor y Cristina pero no sentirse identificados con el FpV en Río Negro.
Y no nos sentimos identificados con esta estructura provincial porque no vemos que su representación política esté realmente convencida de los grandes caminos políticos e ideológicos por los cuales hemos transitado para reconstruir la economía y recomponer los lazos sociales a partir de 2003. Porque a esos dirigentes que hoy se arrogan la exclusividad de estas ideas los hemos visto antes transigiendo con ideas neoliberales, aplicando recetas privatizadoras, ajustando universidades y rechazando la posibilidad de discutir y analizar “desde el pie”. Son los mismos que por momentos se sacan la careta y nos amenazan con disciplinamientos a un poder del cual serán apenas ejecutores instrumentales.
Se puede sentirse identificado con este “kirchnerismo nacional” que transforma la realidad política y social construyendo un país más justo, y al mismo tiempo renegar de una formación que apenas logra confundirse con esas ropas que le quedan grandes. Por eso nos comprometemos a ser parte de una construcción política diferente: Juntos Somos Río Negro es un espacio vivo, en formación, que nos propone el desafío de construir una provincia desde la identidad y su propia integración. Un espacio en el que no estamos mirando la antigüedad de la ficha de afiliación o la genealogía política del padre o del abuelo. Partimos de la construcción colectiva, codo a codo con los rionegrinos que sueñan con una provincia en producción, con trabajos de calidad, con lugares para vivir dignos. Queremos una sociedad sin privilegios, con educación y salud para todos, que se mire y pueda reconocerse con orgullo porque construimos un destino común.
Esas son las bases de nuestro kirchnerismo nacional. Y son las bases por las que asumimos con orgullo la voluntad de construir este nuevo espacio político. Juntos Somos Río Negro.