Los dinosaurios sufrían distintas enfermedades de los huesos como los animales modernos. Las marcas que las afecciones, seguramente dolorosas, dejaban persisten en fósiles como el Bonitasaura salgadoi, descubierto en tierras de Río Negro y cuyos restos permanecen en el Museo Provincial Carlos Ameghino de Cipolletti.
Tumores cancerígenos y una variada cantidad de patologías pueden estar detrás de estos problemas de salud, que resulta muy interesante en términos científicos encontrar en especies que vivieron hace más de 65 millones de años, cuando ocurrió la catástrofe que borró a los dinos de la faz de la tierra. Hoy se considera que las aves, sobrevivientes de ese cataclismo, son descendientes de los monstruos del remoto pasado, pero esa es otra historia.
Una estudiante que prepara su tesis de licenciatura en paleontología por la Universidad de Buenos Aires, supervisada por el profesional Pablo García, ha centrado su trabajo en el Bonitasaura, con el fin de echar luz sobre la paleopatología que afectó al menos a una parte de su estructura ósea.
Días atrás, Romina González, la joven investigadora, visitó durante casi una semana el Museo Ameghino para observar de cerca y escrutar un fémur, una vértebra caudal y un metatarsiano para resolver el enigma de las huellas de enfermedad en el animal fósil. Los análisis están orientados a la búsqueda de un diagnóstico, utilizando la información moderna sobre dolencias y la tecnología existente para abordar restos antiguos.
“Bonitasaura es una especie muy interesante por varios motivos y además presenta anomalías óseas. He empezado a analizar qué enfermedad tenía este espécimen”, manifestó y dijo que los detalles de su tarea y sus resultados conformarán la tesis con que buscará graduarse.
El dino rionegrino es un saurópodo (herbívoros de cuellos y colas largos) que pertenecería al grupo de los titanosaurios aunque con ciertas particularidades distintivas. Los huesos que se conservan en la institución local son de un animal de cerca de 7 metros de largo que no habría llegado a adulto. Por eso, se estima que los especímenes totalmente desarrollados habrían alcanzado los 12 metros de largo y unas 5 toneladas de peso.
El referente del Museo, Carlos Muñoz, destacó la actividad investigativa de González y puso de relieve la riqueza en testimonios del remoto pasado de la Tierra que tiene la insititución.
Además, destacó las mejores condiciones de trabajo que existen en la sede museística, gracias a la conexión de gas y la provisión de calefactores que hizo la Municipalidad, por gestión del intendente Abel Baratti. De la comuna se esperan otras colaboraciones que optimizarán aún más las posibilidades del quehacer científico.