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Una madre desesperada por su hijo

El chico es adolescente y, según la progenitora, se drogaría y habría caído en el delito.

Desesperada, Gladys Ojeda espera que desde la Justicia, la provincia o la comuna se le brinde alguna ayuda para sacar a su hijo de la cruda realidad que está viviendo. El adolescente tiene 15 años, es adicto a la droga y ha caído también, lamentablemente, en el mundo del delito.
Ella, hoy desocupada, apenas consigue mantener su hogar, en el que viven además otros cuatro hijos. Está separada y espera pronto poder iniciar un trabajo como empleada doméstica, que es su oficio. Tiene, además, otros dos hijos, ya mayores, que hacen vida aparte.
 
Vida complicada
La mujer manifestó ayer que el chico hace tres años que quiere irse a vivir con su padre, que no ha querido asumir de ningún modo esa responsabilidad. Esta circunstancia ha afectado la mentalidad del muchacho, cuya vida se ha vuelto complicada y peligrosa.
“Desde ese momento empezó con problemas de conducta. El papá nunca ha querido hacerse cargo, ni cuota alimentaria ni nada. La Justicia nunca ha hecho nada para obligarlo que se haga cargo del chico, quien dice que todo lo que hace es porque quiere estar con su papá”, indicó.
Expresó que ella misma ha hecho presentaciones judiciales “porque a mi hijo lo han encontrado robando y yo lo he denunciado porque no quiero que sea un delincuente”. Señaló que también ha denunciado al padre, pero éste “no se presenta nunca porque cada vez que la Policía le lleva una citación él no la quiere recibir. No entiendo cómo la Justicia no hace nada para que él atienda a su hijo”, señaló.
“Yo no doy más”, enfatizó y precisó que ayer, alrededor de las 5.30, su hijo apareció en su casa en mal estado, con “una sobredosis de cocaína”, según le contó una médica que lo atendió en el lugar.
“Luego, se quedó dormido, ahí, tirado y encerrado”, en un lugar que el padre de sus hijos menores, que vive cerca, le facilitó para que estén todos más seguros. “No sabemos qué reacciones puede tener”, agregó.
 
Reacción peligrosa
En determinado momento, antes de que se durmiera, el adolescente “reaccionó, agarró un cuchillo y estaba como perdido. Salió con el cuchillo y se lo tuvimos que sacar. A mí ya me ha golpeado y ha golpeado a sus hermanos y nadie hace nada. Al psicólogo no quiere ir y dicen que no lo pueden obligar. Y al papá no lo pueden obligar a que obligue a ir a su hijo al psicólogo. Es toda una cadena y todos se lavan las manos y no recibo ayuda de nadie”, manifestó.
Ojeda pretende que el progenitor se haga responsable del adolescente, pero no hay caso. Ella tiene que atender hoy a sus otros hijos, dos de los cuales padecen enfermedades que la obligan a dedicarse a ellos de manera especial.
“Yo pretendo que el papá se haga cargo por un tiempo, o que la Justicia lo obligue. Y que acompañe a su hijo a hacerse un tratamiento, porque desde Promoción Social ahora me dijeron que podrían hacerlo atender".
 
En la calle
Por otro lado, el joven “ha andado robando y la Policía no lo puede detener porque es menor. Yo hice la denuncia que andaba robando. Yo no lo crié para que sea delincuente”, expresó. “Lo único que yo pido es que mi hijo no sea otro Nico que lo tenga que matar la Policía. Yo no puedo ir contra la Policía porque hasta el momento, de todos a los que he pedido ayuda, los únicos que me han ayudado son de la Policía. Porque cuando los llamo, van y lo tranquilizan”, agregó. La mención de Nico, es por Nicolás Scorolli, muerto por un agente policial. Ojeda vive en Mengelle 1968, barrio Quito.

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