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Una familia cipoleña vive en un auto

Hace tres meses Juan Maragaño se quedó sin trabajo y sin hogar, ya que fue echado de la chacra en la que se desempeñaba como peón. Hoy busca un lugar que pueda habitar dignamente junto a sus hijos.

Todos los días van a comer a una estación de servicio abandonada, ubicada sobre la Ruta 22, y se asean en el río.

Juan Maragaño tiene dos hijos con certificados de discapacidad, a quienes crió sólo, haciendo las veces de padre y madre. Hace 27 años llegó a la ciudad y desde entonces trabajó como peón de chacras en la región. Pero hace tres meses que él, junto a los dos chicos, está viviendo en el interior de un vehículo y se encuentra desempleado.
Según Juan, todo comenzó cuando en la chacra donde trabajaba, ubicada en Cuatro Esquinas, el patrón lo echó. “Me dejó en la calle con mis hijos, sin importarle nada, y sólo por reclamarle por mis derechos”, señaló.
El vecino explicó que a él sólo le “blanqueaban diez días, cuando en realidad trabajaba todo el mes, con lo que no me alcanzaba para tener una obra social”.
Esta situación generó, a su vez, que Juan se quedara sin trabajo y sin un techo bajo el cual guarecerse. “Yo vivía en la chacra, porque trabajaba como peón vario, pero el patrón me sacó las cosas a la calle y me dijo que me fuera, y trajo mano de obra barata de otras provincias”, aseguró.
Lo único que tienen hoy, además de algo de ropa, es un auto, Fiat 147, que estacionan todas las noches en el sector del Andén del ferrocarril. Allí, los tres se acomodan todas las noches para dormir lo más amenamente posible. Pero el frío del invierno que comienza a llegar crudamente complica el pernocte. Juan dice, que para mantener un poco más al reparo al habitáculo de su auto, le pide cajas a un cartonero que para cerca, para tapar lo que durante la noche será la habitación de su familia. “Yo les doy ánimos a ellos y ellos me lo dan a mí, nos ayudamos entre los tres”, señaló.
Johana tiene 18 años y este año todavía no pudo comenzar las clases, porque su escuela, la Laboral 4, no se encuentra aún en condiciones. Juan José, tiene 16, concurre a la Especial Nº 4, pero ahora acudir todos los días se le hace imposible.
Su padre lamenta esta situación y asegura que quiere que sus hijos “sean como los hijos de cualquiera, porque ellos también tienen sus derechos y tienen que ser respetados”. Por eso es que cree indispensable que puedan concurrir a clases. “Mi hijo menor necesita mucho la escuela, tiene 16 y todavía no sabe escribir, y en todos estos años que fue a la escuela aprendió a contar hasta cuatro nomás”, dijo.
 
Un día
Todos los días, al mediodía, la familia se traslada hasta una estación de servicio abandonada que se encuentra sobre la Ruta 22. Allí preparan algo para comer y tratan de darse calor mutuamente para paliar un poquito el frío. A la tarde, si no hace mucho frío, se van a la Isla Jordán, donde acuden al río para higienizarse.
Un matecito y el hambre se va, sólo por un ratito, y otra vez igual. El padre de los chicos dice que no pide que le regalen nada. Sólo manifiesta que se respete un derecho que tiene como ser humano, que es el de una vivienda diga para él y su familia. Al consultarle sobre alternativas a su situación, remarcó que “nunca iría a una toma, porque no quiero darle un ejemplo así a mis hijos, tampoco tomar una casa o vivir de ocupas, yo quiero un lugar digno en el que pueda dejar a los chicos cuando salga a trabajar, algo que hoy no puedo hacer”.
A su vez, aseguró: “Nunca voy a bajar los brazos por mis hijos, qué quieren que los abandone, que caigan en el delito o en las drogas, como les pasa a tantos chicos; no yo no voy a permitir que me pase eso”.

La solidaridad de los vecinos

Desde la Municipalidad de Cipolletti informaron que desde la Secretaría de Acción Social se acudió a la familia Maragaño.
En ese sentido, Juan reconoció que muchas personas se habían acercado a manifestarle su disposición para colaborar con la difícil situación que está atravesando. “Desde la comuna me llamaron y me dijeron que me ofrecían las instalaciones del CITE para dormir allí y estar un poco más cómodos”. Pero se encargó de explicar, que más allá de la colaboración que será bien recibida, lo que él quiere, es que se le respeten sus derechos y los de sus hijos.

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