El clima en Cipolletti

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Sensaciones de una ciudad que ya no es la misma

Ante la situación de inseguridad, ¿qué nos queda para decirles a aquellos a los que les asegurábamos que Cipolletti era el lugar más lindo del mundo para vivir?

Impotencia, bronca, indignación y cuántas otras sensaciones tuvimos los cipoleños en los últimos días. Y qué decir de las que tendrán los familiares del comerciante Claudio Araya, un hombre que por salirse del individualismo que hoy nos rodea terminó asesinado por un tipo -por no usar otra palabra- que debía estar tras las rejas.  
De igual forma, este salvaje crimen lo podría haber cometido cualquiera de los adolescentes o jóvenes delincuentes que hoy acechan con sus motos en todos los puntos de la ciudad, que roban en los semáforos a las mujeres que esperan el paso o que se meten en las casas para, una vez maniatados los moradores, llevarse todo lo que pueden.
La tragedia estaba el caer. ¿Por qué? Porque la seguidilla de hechos delictivos era y es alarmante. Porque en el mismo momento en que a través de las redes sociales los cipoleños se convocaban a movilizarse para exigir justicia y seguridad por la muerte de Araya, a la dueña y a la empleada de una farmacia le robaban la recaudación de la caja registradora.
Para prevenir ser víctima de un delito, en la actualidad ya no alcanza con ser precavido. Ya no alcanza con que un familiar haga guardia en la puerta para meter el auto en el garage, ya no alcanza con sacar plata de los cajeros de día y ante mucho movimiento de gente, ya no alcanza con evitar caminar solo en los horarios de siesta, ya no alcanza con que vayamos menos a la plaza o salgamos menos en bicicleta, ya no alcanza con poner alarma en las casas o tener todo enrejado. Simplemente ya no alcanza. Estamos todos expuestos. Cansados y hartos.  
Y eso fue lo que se quiso transmitir en la convocatoria del miércoles por la noche, porque juntar dos mil personas en una ciudad como ésta es muchísimo. Sin acarreo, sin propaganda, sólo por la indignación que generó un hecho sin precedentes por estos lados.
¿Qué nos queda para decirles a aquellos a los que les asegurábamos que Cipolletti era la ciudad más linda del mundo para vivir? ¿De qué forma les explicamos a los que instábamos a que se vengan a probar suerte a nuestros pagos porque acá sí que se vive tranquilo?
Hoy la historia es otra. Cipolletti tuvo grandes cambios devenidos de su transformación de pueblo a ciudad; pero la inseguridad se profundizó de una manera tenebrosa en los últimos meses.    
 
¿Soluciones?
Ahora, como medida inmediata y para frenar un poco la convulsión social, se anunció la puesta en funciones de más efectivos y de más patrulleros. Y es cierto que hace falta más personal y también más equipamiento y recursos para la Policía. Porque cuando uno se entera de las condiciones en las que trabajan está claro que existen muchas complicaciones para prevenir el delito si no hay nafta para el móvil, si no hay chalecos antibala o si se tiene que defender un posible saqueo de un supermercado con palos y piedras.
La realidad es que es muy importante esta iniciativa de sumar agentes (esperemos en unas semanas no tener que decir que los trasladaron), pero debe estar claro que para combatir a los delincuentes hay que tomar medidas de fondo y en esto el poder político debe ponerse firme y tomar decisiones en serio: por ejemplo, algunas leyes deben cambiarse. No puede ser que la persona que comete un delito quede liberada a las pocas horas. No puede ser que un condenado a 17 años tenga el privilegio de andar por la calle cuando todavía está cumpliendo la pena.

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