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Quieren poner en valor la historia de la Escuela 142

La comunidad educativa del colegio busca refaccionar el antiguo edificio de la institución.

La actividad es parte de un proyecto escolar. El antiguo establecimiento se construyó en 1935. Aún conserva inmuebles de esa época.
 
La comunidad educativa de la Escuela Primaria 142 del barrio María Elvira trabaja para refaccionar el antiguo edificio de la institución que fue inaugurado en 1935. Además, la iniciativa contempla la presentación de un petitorio al Municipio para que la construcción sea considerada un patrimonio histórico de la ciudad. La actividad es parte de un proyecto escolar que tiene como objetivo poner en valor la memoria colectiva.
La validez histórica que posee el viejo colegio y los inmuebles que contiene es invaluable. Es por eso que, a pesar que en otras oportunidades intentaron revalorizarlo, esta vez el grupo de trabajo pretende hacerlo con más fuerza, con la ayuda de todos los estudiantes, docentes, directivos, padres y vecinos en general. Todos están invitados a colaborar en conjunto.
La institución se fundó en 1935 en tierras donadas por la familia del obispo Colombres, quien fue parte de la asamblea legislativa del Congreso de Tucumán que en 1816 declaró la Independencia del país. Muchos de los muebles que contiene el edificio son de las décadas del 30 y del 40.
Años más tarde, por medio del Plan Quinquenal del presidente Juan Domingo Perón, construyeron el establecimiento actual, que alberga a más de 200 alumnos que provienen de María Elvira, Puente 83, Isla Jordán y del sector rural.
La antigua escuela hasta hace poco era utilizada como depósito. El edificio está ubicado a pocos metros del establecimiento actual y su abandono formaba parte del paisaje de cada día. Esta situación inquietó a los docentes, ya que notaron que estaban permitiendo que la historia del lugar se esconda debajo del polvo.
A pesar de los años, la construcción se mantiene en buenas condiciones. Hace unas semanas, en sus salones se guardaban bancos y mesas sin uso, pero fueron retiradas por el personal de la institución para que desde el Consejo de Educación puedan verificar el lugar y evaluar qué tipo de refacciones deben hacerse.
En la Escuela 142 hay dos turnos, mañana y tarde. En mayo está previsto que cuatro grados pasen a cumplir con las jornadas completas, es por eso que necesitarán más espacio en el establecimiento. Desde la dirección proyectan que con los arreglos que se realicen puedan darle uso a las aulas de la vieja escuela.
 
La memoria
“Retomar la memoria en la escuela y en la comunidad, para ponerla en valor”, es el fin que persigue el proyecto, que ya está en curso, según contó Martín Zúñiga, uno de los docentes.
Muchos vecinos de María Elvira desconocen el valor de la construcción, es por eso que la iniciativa pretende modificar esa característica, haciendo un trabajo desde las bases, en las aulas escolares.
Realizarán labores teóricas y prácticas y convocarán a los padres para que colaboren. Desde la institución destacaron el interés del Municipio y del Consejo de Educación  provincial por la iniciativa.

Andrés Jauregui, un alumno del viejo colegio
Andrés Jauregui fue alumno de la Escuela Primaria 142 del barrio María Elvira, cuando las clases de dictaban en el antiguo edificio construido en 1935. Actualmente tiene 76 años y se emociona cuando recuerda aquellos días en los que él y sus hermanos mayores tenían que cruzar el río en bote para asistir al lugar.
El vínculo del ex estudiante con la institución no se terminó cuando finalizó el quinto grado. Años más tarde sus hijos y nietos hicieron que los lazos se reaviven. “Hay una afinidad entre este colegio y yo”, expresó.
Cuando era niño, Andrés y su familia llegaron a la zona y se instalaron del otro lado del río Negro. Su padre, un entrerriano, se dedicaba a la pesca. Pero cuando él se hizo adulto se dedicó a la ganadería y actualmente es el dueño del conocido Puesto Jauregui, que hace poco cumplió 50 años.
Andrés recordó que fue el director Julio César Espinoza, que había llegado desde Catamarca, quien le enseñó a tocar la guitarra e hizo que nazca su amor por el folklore. “Aprendí a ser coplero dentro de estas aulas”, señaló.
“Éramos muchos chicos, las aulas estaban llenas”, contó el ex alumno. Sus compañeros de ese entonces en su mayoría eran hijos de productores, pero con el tiempo y por diversazas razones socioeconómicas esa variante fue cambiando y actualmente los estudiantes provienen de asentamientos o son hijos de peones de las chacras. 

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