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“Nos habían robado el puente que nos une"

Silvia Venero, del Movimiento Antipeaje, celebró el levantamiento de barreras. "Se fueron por la lucha", aseguró.

Por JAVIER PÉREZ

La instalación de las cabinas de peaje en 1996 motivó reclamos y manifestaciones en oposición a tener que pagar para circular por la Ruta 22, entre Cipolletti y Neuquén. La construcción de un nuevo puente para mejorar el tránsito atenuó las protestas, aunque no aplacó el surgimiento del Movimiento Antipeaje, que defendió el derecho a utilizar el paso interprovincial sin tener que abonar un canon. Silvia Venero, una de sus máximas referentes, afirmó que la finalización de la concesión a Caminos del Valle “ha sido muy gratificante porque la lucha sirvió para liberar las rutas”.
 
¿Qué significó la instalación del peaje?
Nos habían robado la ruta y el puente viejo, que había servido para unir a las dos comunidades. Cipolletti y Neuquén estaban pegadas y la gente no conocía la otra ciudad. El puente las había unido y el peaje vino a dividirlas.
 
¿Pensaba que finalmente iba a terminar el cobro?
Lo veíamos muy lejano porque era un monstruo muy grande con el que peleamos. Yo fui la cara visible, pero hay un montón de compañeros que pusieron el cuerpo y la cara, tanto o más que yo, que el primer día me planté y dije "no pago". Quedé un montón de horas retenida, hasta que me dejaban pasar y tuve 32 causas judiciales en mi contra.
 
¿Qué pasó con esas denuncias?
Fui sobreseída de todas. Hubo algunos juicios por roturas de barreras, pero no íbamos a romper y lo probamos. Cuando no nos podíamos “chupar”, como se dice vulgarmente, inventamos un caño que le colocamos al auto para poder levantarlas. En realidad, las denuncias eran formas del poder para amedrentar, para meter miedo. Una vez me hicieron un allanamiento para secuestrarme el auto, golpearon a mi mamá que estaba operada del corazón, y se lo llevaron para peritarlo. Me lo devolvieron 21 días después y la pericia dio negativo. Es gracioso contarlo a la distancia, pero muy fuerte haberlo sufrido porque estaban mis hijas, que eran chicas. No se trata de no tener miedo, sino de no quedar paralizado.
 
¿No fue denunciada por no pagar?
Planteamos que no era delito y quedó claramente demostrado, porque ninguna causa tuvo que ver con el no pago. Delito es cobrarlo, todos los peajes son inconstitucionales porque están creados con una ley menemista que se contrapone con la Constitución, por eso siempre hay que tenerla a mano para defenderse.
 
¿Cree que el Movimiento Antipeaje incidió en el fin del cobro?
Éramos un grupo importante, pero si hubiésemos sido muchos más la empresa se hubiese tenido que ir mucho antes. Porque se fueron por la lucha, gracias a la resistencia contra estos ladrones que nunca dieron la cara. Había que volver a concesionarlo con cobro, a cuatro pesos, entonces decidieron levantar. En el país sube la tarifa y en Cipolletti y Centenario levantaron el cobro. Tiene que ver con la lucha, que a veces no da resultados inmediatos, pero que a la larga se ven.
 
¿Si el Movimiento hubiese tenido mayor adhesión, el peaje hubiese terminado antes?
Esperábamos que la gente tomara esto en sus manos, pero el conjunto no lo hizo. Todos éramos trabajadores y cada uno tenía su actividad, no podíamos ponernos a levantar las barreras. Y tampoco era nuestra intención decir “pasen, que los dejamos”. Nunca quisimos lograr nada a través del Movimiento que no fuese la defensa de un derecho constitucional. Hago un llamado a la comunidad de las dos provincias para que se tome de ejemplo: se puede. Tenemos que unirnos ante cualquier injusticia y salir a reclamar al poder que corresponde.

¿Qué rol cumplió el Estado en esa situación?
Esto empezó en el gobierno de Carlos Menem, siguió con (Fernando) De la Rúa y después, cuando vino el kirchnerismo, siguió igual. Le dieron subsidios a la empresa para que no aumentara la tarifa y se quedara quieta porque si no habría conflictos. Comenzó con (Jorge) Sobisch y (Horacio) Massaccesi y continuó. Ninguna de las dos provincias ni el gobierno nacional tuvieron intención de que la firma cumpliera las obras que debían hacer o pagara lo que se robó.
 
Estima, entonces, que la no renovación del peaje no obedeció a un cambio de postura gubernamental.
El peaje se va porque hubo resistencia, pero no hubo grandes cambios en la situación. Sin la organización de los trabajadores hubiese continuado. Aquí quedó claro cuál es el rol de los trabajadores, del pueblo, tenemos que darle fuerza a los reclamos para que se resuelvan con justicia.

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