El clima en Cipolletti

icon
31° Temp
28% Hum
LMCipolletti

Me dijo: "Nos vemos el lunes"; nunca más la vi

Pasaron 15 años. Casi el total de su vida. Quince años de tanto dolor que se renueva a cada momento por la falta de justicia y por la impunidad con la que se manejaron las cosas.

Por MARTINA BLOCKI (*)

El lunes 10 de noviembre de 1997 llegué a la escuela tarde. La clase, ese día, la teníamos en el laboratorio.  Paula no estaba. Yo ni siquiera sabía que estaba desaparecida. Me sorprendió no verla porque hablábamos por teléfono todos los días a las 7 de la tarde y hacíamos la tarea. Siempre sabía si iba, o si viajaba. Cuando pregunté dónde estaba comenzaron los rumores y las teorías de radio pasillo: “Encontraron el auto pero a ellas no, deben estar en lo de alguna prima”. Con el pasar de las horas las excusas se iban terminando. Éramos todos muy pibes, inmaduros, adolescentes, ingenuos, y creo que recién hoy después de 15 años me atrevo a pensar que éramos inocentes.  Con el correr de las horas se sentía la angustia de los mayores y la tensión, pero yo seguía sumergida en esa inocencia colmada de alternativas posibles de que aparecieran con vida. La muerte a los 16 o 17 años no es una opción válida. 
Quise salir a buscarla, y no me dejaron. En el estacionamiento lo encontré a Dante, quien me llevaba en el transporte escolar, y le conté lo que pasaba y el me dijo: “Quedate tranquila que yo voy a salir a buscar”.
Ese lunes por la tarde mucha gente salió a buscarlas por las chacras de Cipolletti. Yo no fui. No me animé. Y esa noche no dormí, buscaba sintonizar alguna radio que pudiera dar alguna información. La desesperación cada vez era mayor.
El martes 11 llegué a la escuela resignada, pero todavía incrédula, y con los compañeros decidimos ofrecer ayuda a la comisaría. Cuando llamé a mi casa para avisar que no volvía para el almuerzo, me atendió mi hermana. No me voy a olvidar nunca sus palabras: “¿Viste que las encontraron?”.
“¿Dónde estaban?,  ¿Cómo están?”, pregunté inocente y tonta. “Las encontró Dante, Están muertas”, fue lo último que escuché.
Esa tarde caminábamos por las calles de Cipolletti con un cartel que decía “Pau, se hará justicia. Pena de muerte”.
Parte de mi inocencia se fue con ella ese mismo día.
Habíamos compartido banco desde séptimo grado. Hace poco terminé de revisar cuaderno por cuaderno para ver si encontraba cosas nuevas. Encontré una notita de ella que decía: “Marti, te quiero mucho. No me olvides”. Y firmaba: “Paula González de Calamaro”. Era del mes de julio del '97. Ella era fan de Andrés Calamaro y su sueño era estudiar cine. A veces cuando escucho la canción “Flaca” no puedo evitar quebrarme. En la escuela plantamos un roble y a los pies una placa que decía “Lejos en el centro de la tierra, las raíces del amor, donde estaban, quedarán”.
Isabel C. de Echalecu, tía abuela de Paula, a los 95 años, escribió el poema “Ruego” a la memoria de Paula y Emilia, y empezaba así: “El alma se arrodilla ante el recuerdo…”.
Los recuerdos no son suficientes, nunca alcanzan, y a veces da miedo olvidar, uno quisiera que quedaran ahí,  “intactos”. A veces necesitamos recuerdos nuevos.
Mi alma se arrodillará siempre ante el recuerdo.
Otra de las cosas que encontré este año es la última foto que tengo de Pau. Es del sábado 8 de noviembre por la mañana, en el colegio, en una jornada deportiva que se hacía cada año. 
Esa foto me regaló un puñado de recuerdos nuevos: Paula se había cortado el pelo tipo “carré” (esas son las fotos que después te miras de grande y te reís, ¿no?).
Me acordé de su última mirada, como perdida entre los nogales, su ceño levemente fruncido, sentada en el asiento de atrás de un auto. Yo la miraba desde afuera. Me acordé también que esa noche íbamos a salir a bailar a un boliche de Cipolletti y me iba a quedar a dormir en su casa. Mi papá no me dejó, lloré, putié y esa fue la última vez que hablé con ella. “No salgo, no me dejaron” y ella me dijo: “Nos vemos el lunes”; nunca más la vi. Sólo me quedo con los recuerdos.
Pasaron 15 años. Casi el total de su vida. Quince años de tanto dolor que se renueva a cada momento por la falta de Justicia y por la impunidad con la que se manejaron las cosas. Cada quien se pondrá su sombrero.
Admiro la lucha incansable de Ulises y Susana, de Mary Mella (tía de Paula y Emilia), de la familia Villar. Admiro la fuerza, el coraje y la entereza con la que han luchado todos estos años. Entiendo su cansancio y los acompañaré siempre con el alma, rogando el esclarecimiento de este crimen. Emilia nos dejó a Agustina, que hoy está por cumplir 18 años –pequeño angelito que da luz a este largo camino– y que no dejo de ver la cara de Paula en su carita.
Seguiremos esperando que algún buen corazón rompa el silencio, que la Justicia decida retomar la investigación, que "el perejil” de Claudio Kielmasz, como mínimo, deje de pedir salidas transitorias, que tampoco las merece. Que se respete el dolor de las familias, que se trabaje en la prevención y seguridad desde cada gestión política para que un pueblo como Cipolletti, que tanto duele, algún día pueda decir “Basta, nunca más”, que no haya que marchar más reclamando Justicia. Las chicas fueron las primeras de un sinfín de víctimas, y algunas, vinculadas a la causa.
Mi alma se arrodilla ante el recuerdo de todas ellas y sus familias que como yo y la mía seguimos buscando retazos de recuerdos para mantenerlas vivas en la memoria. Paula, Emilia y Verónica, chicas, hermosas, ¡siempre estarán presentes!
 
(*) Amiga de Paula González.

¿Qué te pareció esta noticia?

0% Me interesa
0% Me gusta
0% Me da igual
0% Me aburre
0% Me indigna

Dejá tu comentario