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Los platos rotos

Por: Oscar Méndez

¿Cómo se le explica a un chico de décima división que el sábado no irá a jugar a la pelota por la irracionalidad de unos pocos?
Los Consejeros de las 14 instituciones presentes en el encuentro dirigencial del martes votaron por suspender las actividades oficiales del «Clausura».
Los insultos y amenazas que sufrió Antonio D’ Angelo en la pampeana ciudad de 25 de mayo por parte de simpatizantes de Atlético Regina fueron el detonante.
Aunque los argumentos reales de esta sin razón hay que encontrarlos en la inacción del Tribunal de Disciplina que obvió la denuncia personal del presidente y no pidió descargo formal de la institución implicada.
Pese al relato aportado por el máximo dirigente, los integrantes del órgano tribunalicio no actuaron. Sí lo hizo la mesa de delegados.
Consideraron «gravísimo» sentar un antecedente de este tipo sin sanciones y, en consecuencia, la pelota dejará de rodar hasta el 3 de octubre como escarmiento.
El receptor de todos los insultos fue tajante: «Apelando a sus atributos, el Tribunal evitaba la suspensión», dijo. Ergo, un pedido de descargo habría aplacado su mal momento y hubiera significado un tirón de orejas para los dirigentes reginenses y todo seguiría «normalmente».
Sin embargo, la solución parece ser mucho más compleja y ameritaría acciones más profundas. Evitar el consumo de alcohol dentro de los estadios más allá de las normativas vigentes y prohibir el ingreso de simpatizantes ebrios estaría en el primer lugar de una teórica lista.
¿Qué modificará dejar de jugar sin sancionar a los infractores? ¿Cuánto tiempo llevaría identificar a los protagonistas de las repudiables agresiones para que no entren nunca más?
Hace poco tiempo, en Fernández Oro, se prohibió la entrada de los violentos. En una categoría superior lo hizo Cipolletti tras la golpiza propinada al dirigente Luis Boschi cuando se transitaba el Torneo Argentino B.
Detener íntegramente a la competencia por lo sucedido el domingo se asemeja más a una medida política por parte de los clubes que a un deseo consciente de luchar contra los violentos. Mientras tanto, los verdaderos protagonistas seguirán pagando los platos rotos, los mismos que se quedarán sin jugar.

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