El clima en Cipolletti

icon
12° Temp
36% Hum
LMCipolletti

La violencia, la muerte y sus fantasmas

Varios hechos de sangre han sucedido en Cipolletti. La necesidad de Justicia no debe hacer olvidar muchos problemas sociales de fondo.

Por OSCAR CARES LEIVA

Los episodios de violencia y muerte de los últimos veinte días en la ciudad llaman la atención, como siempre que corre sangre humana. La repercusión nacional que ha tenido el vil secuestro y asesinato de la niña Candela, en la provincia de Buenos Aires, ha calado hondo en las conciencias de las personas de bien, seguramente la enorme mayoría de la población. Los hechos delictivos, amplificados por las mil repeticiones de los medios de comunicación, repercuten en los sentimientos profundos y provocan espanto. Algunas corporaciones mediáticas nacionales, en guerra con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, hasta se dan el lujo de insinuar repercusiones políticas. En el mundo, la OTAN y los países poderosos llueven bombas sobre Libia y quizá los nubarrones se trasladen pronto hasta Siria.
El panorama se diría inquietante, no sólo aquí, sino en el planeta entero, que también soporta estoico la continua agresión de la humanidad al medio ambiente. Pronósticos apocalípticos abundan.
Sin embargo, en momentos como el actual, la serenidad de la reflexión debería primar siempre por encima del arrebato del miedo y del nerviosismo y de la exaltación del pánico. La razón y el análisis tendrían que sobreponerse, ineludiblemente, a la inquietud. Evitando, siempre, caer en la desesperación y en el uso de la misma que suelen fomentar algunos. El tema de la seguridad, sensible como es, suele ser también, lamentablemente, caballito de batalla de los amigos de la represión, del plomo a diestra y siniestra y de los disciplinadores sociales de todo orden, en cuyo ambiente el más poderoso indefectiblemente se come al más débil.
Tres casos criminales ha tenido recientemente Cipolletti. El 15 de agosto, Jacinto Arce, de 27 años, murió después de recibir varias puñaladas en las piernas. El 18 del mismo mes, mataron a Jonathan Martínez, de 17 años, de un balazo en la nuca. Ayer, en la madrugada, balearon a un muchacho de 16 años, que quedó herido de gravedad y, trasladado a General Roca, lucha por su vida.
El primer dato que resalta en los tres hechos, es la juventud de sus víctimas. Muchachos jóvenes, alcanzados por la violencia. El segundo punto que convendría precisar es que los tres episodios ocurrieron en la zona norte de Cipolletti: Arce fue muerto en la zona del basural, Martínez en Falucho al 1.300, y el joven herido ayer, en el barrio Anai Mapu. Un tercer elemento, más motivo de pesquisas, es la posibilidad de que, de por medio, hubiera en ellos alguna disputa o altercado de alguna índole.
Una impresión superficial, podría hacer suponer que la violencia ha cundido y que se necesita más mano dura policial, y políticas y prácticas más cercanas a la tolerancia cero. Convertir a sectores de Cipolletti, el norte mayoritariamente popular y obrero, en un ghetto súpervigilado. Llenar las cárceles de sospechosos y aplicar justicia instantánea y sin garantías, así sin más. Actuar represivamente primero y preguntar después.
Lógicas tales se aplican en países como México, cada vez más sumido en el horror del crimen organizado; en Brasil, de vez en cuando para controlar a balazos y muertos las favelas, que siguen siendo favelas y siguen produciendo muertos; en Chile, donde la protesta estudiantil se intenta resolver a palos y tiros; en Estados Unidos, con prisiones repletas y penas de muerte, y con guerras por doquier.
Apartando explicaciones religiosas como la del pecado del hombre, o morales, como la de las tendencias a la maldad, o incluso clasistas y nefastas, como la de la oscuridad congénita de la pobreza, siempre convendría tener en cuenta las motivaciones más concretas e inmediatas. Entre ellas, todas reales, la de la desigualdad económica y educativa, y las de las diferencias de oportunidades de progreso, tan comunes. El crimen campea donde la desilusión, la falta de acceso a la cultura, las secuelas de una vida postergada, el dolor del no saber y del no poder en la sociedad, conviven con los paraísos artificiales del megaéxito insultante, del lujo híperdesarrollado y egoísta, y del indivualismo más feroz.
La existencia en sociedad requiere de más y más democracia. De más igualdad y de un mayor protagonismo de todos sus ciudadanos. Entre iguales, en el mejor sentido de la palabra, podría haber una convivencia mejor. En el hoy del mundo, sucesiones de crímenes y más espectáculo de los que promueven y medran en el odio.

¿Qué te pareció esta noticia?

0% Me interesa
0% Me gusta
0% Me da igual
0% Me aburre
0% Me indigna

Dejá tu comentario