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La experiencia de sentir la manifestación del Realismo

"La Casona", obra de Irene Mosiuk, fue reconocida por la capacidad de generar sensaciones en el público.

La obra que recibió premios y menciones internacionales es sólo una muestra del potencial de la artista plástica.
 
En un mundo donde la fugacidad reina, donde lo fragmentario es el rey y lo efímero, lo habitual, Irene Mosiuk busca con su pincel rescatar los recuerdos, las experiencias de estar en un espacio donde el peso del ser se siente.
En “La Casona”, obra premiada en el nivel nacional e internacional, y que fue expuesta recientemente en Show Art Internactional d’Estiu a Catalunya, Barcelona, se encuentra sólo una muestra de lo que Mosiuk le propone al mundo.
La artista se inscribe en el Realismo, porque es allí donde encuentra la trinchera que le permite cumplir con su meta. “Quiero dejarle mi obra a la humanidad”, afirmó. Y ese legado se inscribe en la experiencia de ser, de vivir, de conectarse con los recuerdos y atraerlos a través de su pintura, para permitirle a quien vea sus creaciones un instante de profundidad.
Autodidacta, desde los cinco años encontró en la pintura la forma de conectarse con el mundo. Descendiente de ucranianos, habitó en una colonia de Generla Alvear, Mendoza. Hasta los siete años, los únicos lenguajes que manejaba a la perfección eran el ucraniano y la expresión plástica. Talento que fue reconocido por el entorno escolar, donde el castellano debía pelear un lugar.
El lugar que vio crecer a Mosiuk es similar al que refleja la obra mencionada, en ella intentó rescatar los recuerdos de la infancia, la imagen de hogar, de calidez, de paz. Ésta última, una sensación que es frecuente en sus creaciones, "Quizá sea porque mi nombre significa Paz", arriesgó la pintora.
“La Casona”, como la mayoría de sus obras surge de la observación profunda de fotografías- otra pasión de Mosiuk- que la pintora recoge a lo largo de sus viajes. Las imágenes no son seleccionadas al azar, cada una impacta en el sentimiento de la artista, quien siente la necesidad de inmortalizarlas.
En esa búsqueda es donde también nace el desafío de Mosiuk, lograr que las personas que visitan una galería o llegan a una obra suya la observen, se dejen llevar a la profundidad. En esa propuesta, también radica la satisfacción de la artista que se afirma en la provocación de sentimientos, pero no esos productos del instante, sino aquellos ligados a la existencia, esos que acarrean olores, que despiertan anécdotas. En cada pieza realizada, la pintora busca capturar momentos que pueden ser de cualquiera que desee apropiárselos y dejarse llevar.
Es por eso que Mosiuk encuentra en el Realismo el marco perfecto para el tipo de expresión que anhela, porque en su producción espera contener retazos de vida. Ese mismo compromiso, y desafío tuvo cuando la invitaron a crear la nueva imagen de Ceferino Namuncurá para la ceremonia de betaificación.
Además de tomar en cuenta las obras anteriores que reflejan al santo mapuche, Mosiuk decidió conocer al hombre. Leyó las cartas que le había escrito a su madre, y habló con sus descendientes. Con esa carga llevó al paño la imagen de Ceferino, a quien dibujó junto a su madre, “me parecía importante que estuviera allí”, señaló la pintora.
Mosiuk dicta talleres de pintura, dentro del estilo Realista. Su intención es fundar una escuela y que sus discípulos encuentren en la pintura el mismo compromiso con la vida que ella ha encontrado. Hallazgo que va acompañado de un talento que es capaz de captar el aura de las cosas, con un toque propio que la hará permanecer a ella también, inmortal, junto a sus creaciones.

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