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Imágenes de una verdadera fiesta popular

El pasado, el presente y el futuro se dieron cita ayer en las calles cipoleñas en lo que se convirtió en un encuentro multitudinario.

La historia de la ciudad recorrió a pie la calle Fernández Oro, despertando el aplauso de los miles de vecinos.
Tanto entre aquellos que desfilaron, como entre las personas que hicieron las veces de público, un dato relevante fue el encuentro entre las distintas generaciones que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Abuelos cargando a sus nietos, madres persiguiendo a sus hijos, tías emocionadas al ver pasar a su sobrina danzando al son de los redoblantes, todas fotos de un día de encuentro, un día dedicado a quienes construyeron la historia de Cipolletti y, también, a quienes les quedará ese legado, el cual deberán seguir construyendo para las generaciones venideras.
 
Un sentido aplauso
La mayoría de las personas que llegaron desde los distintos barrios de la ciudad a la céntrica arteria cipoleña lo hicieron por diversos motivos. El encuentro de la ciudadanía fue uno de ellos, mientras que el ver desfilar a algún ser querido fue el principal, según atestiguaban muchos de los presentes.
Por tal motivo es que los celosos aplausos en general dependían de quienes eran los transitorios protagonistas de la ciudad. Sin embargo, la apertura del desfile, que estuvo a cargo de los familiares del dolor, personas que han perdido, en los últimos años, a integrantes de sus respectivas familias y amigos, recibieron una de las más calurosas y afectuosas ovaciones de la improvisada tribuna.
El fin de la impunidad, la inmediata justicia y el suplicio de “No más muertes”, se hizo escuchar desde los parlantes, desde los familiares del dolor y desde los miles de vecinos que fueron, ayer, los verdaderos protagonistas de las celebraciones de un nuevo aniversario de la ciudad.
 
Desde muy temprano
Los preparativos para el desfile de ayer comenzaron en horas de la mañana, cuando empleados municipales comenzaron a instalar los dispositivos necesarios para lo que sería una jornada de gran júbilo.
Las vallas de contención fueron instaladas, sobre la calle Fernández Oro, desde Sáenz Peña hasta Villegas, cuando faltaba, aún, muchas horas para el evento central.
Además se instaló un escenario principal, lugar donde estuvieron presentes el locutor y gran cantidad de dirigentes y funcionarios municipales. Mientras que, también, se dispuso de una gran cantidad de parlantes para llevar la voz oficial del acto a varias cuadras a la redonda, de modo tal que los presentes no perdieran detalles de los sucesos que iban teniendo lugar en la arteria principal.
 
Vendedores ambulantes
La gran concurrencia popular en el desfile central por las celebraciones del aniversario 108º de la ciudad fue un momento más que auspicioso para los vendedores ambulantes.
Muñecos de todo tipo, globos multicolores y multiformes, lentes, gorras, churros, panchos, garrapiñadas y pochoclos fueron algunos de la gran variedad de productos que las familias cipoleñas pudieron adquirir en la tarde de ayer.
 
Mucha gente, poco espacio
Si bien en líneas generales la previsión y la organización del evento tuvieron un resultado satisfactorio, hubo hechos aislados que, lejos de empañar las celebraciones, generaron cierto malestar entre los presentes.
Uno de esos inconvenientes tuvo lugar en la cuadra de Fernández Oro entre Miguel Muñoz y España.
En ese sitio se dispuso el escenario central, detrás del cual las vallas de contención fueron subidas a la vereda dejando muy poco espacio para el paso peatonal.
Fue allí que, en pleno desfile, el fluir de personas generó una gran congestión dentro de la cual quedaron varadas personas mayores, niños, madres con bebés recién nacidos, y una mujer en sillas de ruedas que, por varios minutos, no tenía salida por ningún lado.
Al poco espacio en ese sector, se le sumó la falta de solidaridad y la ausencia total de conciencia de algunas personas que con sus bicicletas impidieron el paso del resto de las personas, sin importar las condiciones en las que éstas se encontraban.
Gritos, algún llanto causado por la desesperación y una gran cantidad de insultos fueron la banda sonora, por algunos minutos, de ese pequeño espacio en la tarde.

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