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“Horas libres” versus tensiones sociales

El debate en su justo término: si algo no funciona bien, hay que cambiarlo. Hay pocas excusas para oponerse a la resolución del CPE. Sí hay muchas maneras de contribuir a que este cambio sea lo mejor posible.

Por HERMAN AVOSCAN (*)

Siempre que se intentan generar cambios organizativos aparece algún tipo de resistencia. Es que la transformación buscada produce un desacomodamiento de los distintos actores, causando ansiedad, inquietud y hasta temores que por lo general son más hipotéticos que reales. En ese momento, se ponen en marcha mecanismos conservadores que buscan regresar al punto de partida o atenuar su impacto.
Lo que debemos evaluar es hasta qué punto esa resistencia está motivada por intereses particulares; cuánto al acomodamiento a lo “malo conocido”; y hasta qué punto implica un desconocimiento absoluto de lo realizado.
En muchas de las quejas y marchas impulsadas contra la resolución del Consejo Provincial de Educación que determina la finalización de las mal llamadas “horas libres”, se pueden observar curiosas mezclas de esas diferentes inquietudes. Sorprende, y mucho, que algunos supuestos padres rechacen la medida que intenta incrementar la cantidad de horas de estudio de sus hijos. Cuando en realidad, deberíamos estar pidiendo más horas. Entonces: ¿cuántos de esos supuestos padres están trabajando más de punteros políticos que de padres preocupados por la educación de sus hijos? En realidad, rechazan el cambio sin pensar en sus implicancias. Se oponen por un interés egoísta y sectorial: que al ministro le vaya mal para perjudicar al Gobierno.
Algunos docentes también se han manifestado en contra de este sistema, quizás a partir del temor que les genera una medida que pone el acento en el alto grado de ausentismo que existe. O tal vez, la ansiedad esté motivada en la redefinición del rol del docente frente al curso. Tema que, en todo caso, sería motivo de otra discusión.
 
Con el cambio buscamos mejorar la calidad educativa de nuestros jóvenes y adolescentes.
 
La apelación del sistema educativo, como nunca antes, es a la responsabilidad y a la creatividad del docente: preparar ejes temáticos que puedan desarrollarse cuando por algún motivo no pueda hacerse cargo de sus alumnos. Un desafío que –estoy completamente seguro– la enorme mayoría de los profesores rionegrinos está capacitado para enfrentar, a condición de que desestructure su forma de interactuar con los jóvenes.
Y lo que más llama la atención es que quienes privilegian su “derecho a aprender” sean los estudiantes… antes que sus propios padres. Quienes pasamos por el sistema educativo recordamos lo afortunados que nos sentíamos cuando alguna hora quedaba “libre”. Pero desde la mirada del adulto, debemos reconocer que esas horas podrían haber sido más fructíferas con alguna orientación académica.
Los jóvenes de hoy plantean con certeza esta situación, aunque enseguida lo relativizan afirmando “cuando estén dadas las condiciones”.
Porque el problema de quienes impulsamos cualquier tipo de cambio (social, económico, político, institucional), es precisamente saber “cuándo están dadas las condiciones”. Esta debe ser la frase más paralizante de la historia de la humanidad. La justificación más terrible del statu quo. Desde su autorreferencia a una sabiduría ancestral (hoy no es el momento), a una oscura amenaza sobre las fuerzas que podrían desatarse, esta frase derrama un fatalismo que habría hecho imposible la historia. ¿Cómo identificar esas condiciones adecuadas?
Los cambios son siempre para adelante, para que haya más oportunidades para el conjunto. Y como es imposible contar con un pronóstico sobre las condiciones “meteorológicas” que nos brinden algún tipo de seguridad, debemos comenzar en el momento en que podemos hacerlo.
 
Falsedad
Algunos actores también se han encargado de vaciar el contenido de la discusión, falseando parte de las hipótesis de trabajo que se plantean desde el CPE. Así, hemos escuchado los cuestionamientos al incremento de responsabilidades de los preceptores, quienes (según estos voceros), no estarían calificados para ponerse al frente de las cátedras.
El tema es que no se les está asignando responsabilidades académicas. Porque además de la preparación de actividades por parte de los docentes, existe una cantidad de herramientas que pueden utilizarse para llevar adelante esta misión. Para eso contamos con el Plan Conectar Igualdad: más de 2.5 millones de netbooks entregadas en todo el país que deben ser mucho más que el recurso físico de la máquina. Permite conectarse a Internet, y en la red hay cantidades de recursos que pueden utilizarse para continuar con la capacitación: las páginas del propio programa, la del Ministerio de Educación de Nación; la del Canal Encuentro; la del mismo ministerio de Río Negro, cuentan con programas y enlaces educativos formulados por expertos.
Por si fuera poco, contamos con las páginas de la Fundación Kahn en castellano, con clases sobre ciencias naturales y físicas elaboradas con los más altos estándares de Estados Unidos.
Hay pocas excusas para oponerse. Sí hay muchas maneras de contribuir a que este cambio sea lo mejor posible. Pero sin retrasarlo ni desviarlo de su objetivo. Con el cambio buscamos mejorar la calidad educativa de nuestros jóvenes y adolescentes. Los recursos están. Avancemos en esos procesos transformadores en vez de acurrucarnos en la seguridad de estructuras anquilosadas que no dan respuestas. Y recuperemos nuestra capacidad para inventar un nuevo camino al conocimiento.
 
(*) Diputado nacional cipoleño del Frente para la Victoria.

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